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CHAR
(Matías Castro Arias)
Tan podridos estábamos del teléfono, esos días del encierro, que nos
inventábamos desafíos para despegarnos de él.. Las primeras semanas
competimos por quien pasaba más tiempo sin usarlo, dejando que esta
aplicación que descargamos se encargara de medir nuestras fuerzas.
Nuestra voluntad expresada en horas de uso o abstención. Char creó su
sistema y por esa vez funcionó: utilizaba una caja de zapatos para guardar
el teléfono y no lo sacaba hasta que oscureciera. Se quedaba horas frente a
la ventana esperando que el sol se ocultara tras los edificios que tapaban la
panorámica de esta pequeña ciudad agrandada. Si hubiéramos llevado un
conteo de puntos, Char lideraría con facilidad en ese primer tramo, y yo
no lo hubiera alcanzado hasta el inicio de mayo, cuando el cambio de hora
y la llegada prematura de la noche causara estragos en su truco.
Pero no se nos ocurrió lo de sumar puntaje hasta que había pasado más de
un mes.
Esta primera parte de la competencia, que ahora llamamos la época
primitiva, nos sirvió para establecer ciertas reglas básicas que permitieron
ordenar y darle y darle propiedad a los desafíos que se sucedieron los
meses siguientes. Alcanzamos acuerdos fructíferos y establecimos una
serie de reglas que, bajo el sistema de honor, otorgaron el color suficiente
a la primera parte de nuestra historia: las ocho semanas de competencia
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