Char.pdf

Vista previa de texto
los medios cuentos solo para tenerme un rato más en la llamada. Se lo
propuse porque sabía que lo necesitábamos y porque entendía que ya
ninguno quería usar el teléfono. Hasta cierta repulsión sentíamos hacia el
aparatillo aquel. Yo quiero hablar, por supuesto, me escribía Char, pero
me da una lata tremenda volver a pegarme a esta cosa. Disfruto mirando
el pasto crecer, agregó en otro mensajito. Y en una parada similar estaba
yo, que por entonces dibujaba cada tarde y, además, tenía la casa soplada.
Y eso por mencionar algo solamente.
Así que pensamos en enviarnos cartas, pero el correo era muy lento.
Entonces de las cartas pasamos a hablar de los naipes. Y de los naipes a la
magia. Y de la magia a la brujería. Y de la brujería a esto que había leído
hace unos años: aparentemente las personas se comunicaban, en un
tiempo remoto, a través de la luz de la luna. Un tipo escribía un mensaje o
recitaba lo que deseaba transmitir mientras era iluminado por los haces de
luz pálida que dejaba escapar este astro, y más allá alguien recibía estas
palabras, que recorrían en cosa de ínfimas fracciones de segundo cientos
de kilómetros, hasta ese punto, el lugar en que ese alguien, ese otro,
esperaba pacientemente, bañado en rayos de luna. Así era la comunicación
cuando no había internet, le dije. Quizás sea muy romántico, respondió
Char. Y sí, claro, puede serlo, pero pensémoslo como un acto de
hechicería. Piensa, no hay nada romántico en conejos desgarrados y
10
