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las reglas señalaban, eso le parecía correcto. No así a mí, que esperaba un
castigo adicional por el hecho de ocultar información valiosa. Para
entonces Char lideraba con cierta ventaja. Si era sancionado, según
reglamento, perdía el primer puesto pero sin alejarse mucho. Si añadía
una sanción adicional por romper el sistema de honor, ya la distancia se
podía volver tan grande que yo podría haber pasado hasta dos semanas
tranquilamente liderando. Así que lo discutimos. Y dejamos de lado la
amistad y nos entrampamos en la exposición de cuestionables argumentos
que muchas veces se escapaban del punto central -la asquerosa forma en
que Char había mancillado el sistema de honor- y dejaban ver, en su
debilidad intrínseca, las verdaderas intenciones de cada uno.
Uff. Fue una época breve, pero muy intensa. No llegamos a acuerdo en una
sanción adicional y, con rabia, asumimos que el sistema de honor ya no
corría. Nos desconfiamos de todo y por momentos pensamos en
abandonar la competencia, sin llegar a hacerlo porque, evidentemente, el
primero que se retiraba perdía de forma inmediata. Yo empecé a mentir
en mis números, es justo confesarlo. Descargaba el informe diario de la
aplicación y lo modificaba con el Paint antes de enviarlo al drive donde
llevábamos la cuenta de los puntajes. Y sospechaba que Char hacía lo
mismo, así que descargaba sus informes y los revisaba a detalle. Me
acuerdo haberle pedido a nuestro socio, Cups, que se maneja en esto del
diseño y las artes, que revisara los archivos de Char para ver si habían sido
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