Char.pdf


Vista previa del archivo PDF char.pdf


Página 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12

Vista previa de texto


modificados. Necesitaba al menos un pequeño evento para llevarlo
nuevamente al tribunal de disciplina: con el antecedente del caso de la
cuenta secreta no tendría como eludir una sanción. Por supuesto, no
encontrábamos fallo en sus reportes -posiblemente Cops ni los miró-. Y él
tampoco en los míos, que seguramente también veía con recelo, pues los
números cada vez eran más exagerados, porque, es necesario decirlo,
esperaba secretamente que me acusara de tramposo, de malhechor, de
falto de honor, para que volviéramos a la discusión que inició esta
seguidilla de malas noches y sufrimiento innecesario.
Pero no pasó. Al final llegamos a un punto en que las trampas se volvieron
más ridículas y, contrariamente a lo que se podría esperar, le quitaron
gracia a la competencia. Él había perfeccionado su sistema de pagos y
tenía contratadas a cuatro personas para que me llamaran durante cierta
cantidad de tiempo a la semana. Les pagaba un sueldo y les ofrecía bonos
en caso de superar una buena cantidad de mensajes o minutos al teléfono.
Incluso había un incentivo bastante suculento para la persona que lograra
llevarme nuevamente a cualquier red social. Yo, un poco más rústico,
había conseguido una caja con chips, los que usaba en un teléfono viejo,
desde donde lo llamaba a diario, haciéndome pasar por encuestador, por el
banco, por Fundación Paz Ciudadana o cualquier otro tipo de institución
que le robara un poco de tiempo. A veces le mandaba mensajes no más,
del tipo sigue este enlace para ver algo sorprendente, o haciéndome pasar

7