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cambiamos por penalizaciones, aún más duras.
Recuerdo que en un momento álgido de la competencia Char me envió un
mensaje de texto donde decía que estaba considerando comprarse una
almeja. Iría contra las normas implícitas, le respondí, pues no veo cómo
medir el uso con ese tipo de teléfonos. Trataba de escribir mensajes cortos
pero con palabras complejas, para que le tomara tiempo entenderlos. Para
que los tuviera que leer al menos dos o tres veces. A veces escribía algunas
mal a propósito. Esos deben haber sido los primeros indicios de la época
oscura. Por mi parte, al menos. Supe, mucho tiempo después, que durante
los últimos días de la época clásica, Char le ofreció dinero a algunos
amigos en común para que me llamaran. Varios aceptaron. Es que te
extrañamos en watsap, me engrupían, y yo burdamente les creía.
Pero esos fueron detallitos. Tallas muy buenas, a mi parecer. Movimientos
simples que no eran suficientes para empantanar una competencia que
había sido, hasta entonces, satánica, pero siempre leal. El punto en que
todo cambio fue cuando me dijeron que Char tenía una cuenta de
instagram secreta.
Fue escandaloso. Un momento que casi acaba con la competencia y, por
supuesto, con nuestra amistad.
Al preguntarle asumió inmediatamente la responsabilidad, no lo negó en
ningún momento. Dijo, lleno de vergüenza, que extrañaba mucho los
memes. Llevaba tres días usándola. Aceptaba, por supuesto, la sanción que

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