Berlín, cara y cruz Reportaje.pdf


Vista previa del archivo PDF berli-n-cara-y-cruz-reportaje.pdf


Página 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13

Vista previa de texto


Javier Castro Bugarín
3 de febrero de 2016

Introducción
Si "refugiado" ha sido tristemente galardonada como la palabra del año 2015, "crisis"
puede tratarse perfectamente de su homólogo a la hora de definir la última media
década europea. Crisis y más crisis. Primero fue el terremoto financiero internacional, que
pilló a muchos bancos europeos por sorpresa. Después vendría la crisis de deuda
soberana. Luego los rescates. Más tarde las recriminaciones norteñas a sus vecinos del
Sur: "¡No! ¡Nada de miles de millones de euros suplementarios para los griegos glotones!",
tituló el diario Bild el 26 de febrero del pasado año. A continuación llegarían Tsipras y
Varoufakis, referéndums frustrados, más rescates y más recortes. También un corralito.
Hasta que la bomba de relojería migratoria estalla en el Mediterráneo. Un cóctel
demasiado volátil hasta para la Europa de Angela Merkel.
¿Que el devenir comunitario se encuentre en manos alemanas, es malo? ¿Es
irremediable, es justo, es necesario? Realmente no se trata de una situación nueva. Quizá
sí lo sea en el imaginario colectivo de una Unión que, hasta la llegada de la ciclogénesis
explosiva de 2008, había permanecido ajena a la burocracia particular de Bruselas. Los
asuntos europeos, en periodos de bonanza y vacas gordas, nunca han copado grandes
titulares ni han sido objeto de análisis pormenorizado de sus gentes. Cuando nos fue
bien, Europa nos gustaba, independientemente de quién mandase, más o menos. Pero la
crisis ha cambiado muchas cosas. También ha cambiado conciencias.
El papel alemán no ha sido sencillo en ningún caso. Desde su ascenso a la jefatura del
Gobierno, Merkel ha tenido que lidiar con situaciones cuanto menos peliagudas. ¿Cómo
defender y ligar los intereses nacionales a los de la unión monetaria? ¿Cómo tender la
mano al vecino sin poner en riesgo el bienestar interno? ¿Cómo hacer política migratoria,
cuando el resto de Estados delegan sobre tus hombros toda responsabilidad? Son
cuestiones nada sencillas de responder, y que a menudo se pasan por alto a la hora de
valorar a Alemania como un líder frío, ambicioso, testarudo y cruel con los más
desfavorecidos. Puede haber una parte de razón en eso, pero no menos cierto es afirmar
que los intereses alemanes, en líneas generales, han podido salvar (y de hecho, han
salvado) una integración que hace aguas.
"A mayor ampliación, menor integración" señala Borja Lasheras, director adjunto de la
ECFR de Madrid. Es bastante cierto. La Unión Europea es una amalgama de
sensibilidades dispares, culturas completamente ajenas, lenguas, costumbres y realidades
económicas y sociales muy diversas. No obstante, es a su vez uno de los mayores éxitos
institucionales de la historia reciente. Hoy parece que todo eso se haya olvidado.

Berlín, cara y cruz 1