Metron en Protagoras y Heraclito(1).pdf

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hay un final para las cosas. Pero si abolimos las medidas, queda el ser puro, al
desnudo, increado: fuego por siempre viviente, que fue, es y siempre será porque
no tuvo comienzo.
¿Qué son, no obstante, estas medidas? Ése es el punto. Tradicionalmente
parece haberse interpretado este concepto de metron como categorías relativas
impuestas a las cosas: la realidad objetiva es tal pero la captamos y capturamos
con medidas: nombres, designaciones, separaciones, distinciones. Hasta acá la
comprensión clásica, que considero que todo el mundo concederá aceptar: aceptar
que a priori por medidas, en este contexto, comprendemos eso.
¿Pero puede haber algo más? El desafío es encontrar algo más, a riesgo de
pecar de excesivamente imaginativos. No hacerlo también comporta un riesgo:
carecer de imaginación y privar a los filósofos que conocimos muy poco de
conocerlos un poco más y mejor.
Si Heráclito fue un sabio, debió haber dicho algo más interesante, o más
desconcertante. Tal vez no, pero es posible que sí: es posible que haya querido
decir algo más. ¿Qué son los metra? No pueden ser meramente “recortes”. Hay
algo más: son formas en las que el ser se nos da. El metron tiene algo de epifanía
ontológica, y no es casualidad que algunos filólogos hayan deslizado la relación
entre esta palabra y la palabra madre, κήηερ, méter. El metron da a luz a los entes,
los concibe, los engendra. Hay más que recorte o subjetividad o categorías. Hay
más que eso. Los metra son las formas del ser, las formas en las que el ser se da y
se revela. En otras palabras: las cosas no surgen por interpretaciones; podemos
interpretar a las cosas, pero las cosas se nos dan, la existencia se nos da antes de
que la interpretemos, el cogito, el pensar se nos da como se nos da la vida, el estar
acá. No es todo interpretación: por definición esto no puede ser posible, porque —
por definición— sólo hay interpretación de algo dado, de algo que se nos da
previamente, siendo imposible que haya interpretación alguna de algo sin que se
nos dé un objeto de interpretación, lo dado a interpretar. Y lo que se nos da no es
lo real en tanto oculto, inconcebible e insondable; no se nos da la θύζης tal como
Heráclito la entiende, sino el ocultamiento θύζης: y, según nuestra comprensión, y
