Metron en Protagoras y Heraclito(1).pdf


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da, a lo dado mismo, al “ser determinado”, o dicho de otro modo: al ser en sus
determinaciones no subjetivas ni relativas sino ontológicas —sus contornos y
propiedades ontológicas. No creemos que la plenitud ontológica en los filósofos
antiguos haya estado siempre asociada a la determinación y la medida; el
concepto de apeiron da cuenta de una concepción, entre algunos de estos filósofos
más arcaicos, en la que había una clara asociación entre plenitud ontológico e
infinitud y trascendencia de todo límite.
Así podría llevarse a cabo una meditación filosófica puesta provisional y
experimentalmente en estos términos: el metron es la ousía de todas las cosas. O
dicho de otro modo: el metron es el “ser determinado” de todas las cosas. Por un
instante nos permitimos el juego, el experimento de leer el libro IV de la
Metafísica sustituyendo la palabra ousía por la palabra metron, el metron como
lo-que-hace-que-una-cosa-sea-lo-que-es-(y-no-otra-cosa).
La plenitud ontológica en los filósofos antiguos ha estado ligada a la
determinación y la medida; no obstante, el concepto de apeiron da cuenta de una
concepción, entre algunos de estos filósofos más arcaicos, en la que había una
clara asociación de la plenitud ontológica con la infinitud y trascendencia de todo
límite: es lo que apeiron entendemos que significaría. Pareciera haber en
Heráclito dos modos entonces de concebir a lo real: lo real en tanto insondable y
oculto, y lo real en tanto concebible y sujeto a las medidas impuestas por la
originación y la disolución. Así podríamos decir, tomando una sentencia célebre
de Heráclito, que la naturaleza última de todas las cosas, que gusta ocultarse, se
oculta en los κέηρα: en la finitud de lo originado y delimitable es en donde se
ocultaría la θύζης.