Metron en Protagoras y Heraclito(1).pdf


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históricas para ver en los sofistas a meros “villanos” intelectuales, estafadores del
conocimiento y mercaderes de la filosofía. Además de no tener esas razones,
tampoco tenemos derecho: no es ético seguir condenando, descalificando, o
prejuzgando a estos pensadores de esta manera. Rechazamos esas dos tesis, la que
podríamos denominar la “tesis evolucionista” así como la tesis que concibe a la
filosofía griega del siglo IV bajo una división entre “sabios puros” y “sabios
falsos”, la tesis que podríamos llamar “filoplatónica”, o “criptoplatónica”, que la
tradición milenaria ha sembrado en nuestro espíritu crítico, y nos proponemos
contemplar a estos filósofos, y a sus escritos y fragmentos, con el mismo respeto y
dedicación que a cualquier otro filósofo.
Por otra parte, hay algo muy importante: lo que sabemos acerca de sus
respectivas filosofías nos llega por vías precarias, deficientes, fragmentarias, y
encima, muchas veces, por boca de sus más acérrimos adversarios, fuentes tanto
dudosas que algunas veces incluso se empeñan en tergiversar lo que sus
detractados quisieron decir, y que otras veces son no más que comediantes
ridiculizadotes. No se puede perder de vista este dato al momento de intentar una
aproximación a lo que quisieron significar.
Por lo demás, cada época debe aportar sus propias interpretaciones y
reelaboraciones. A través de las generaciones y los siglos suceden cosas en la
filosofía, aportes nuevos, apariciones, a veces irrelevantes, otras veces
reveladoras, y el espíritu por el discurre el mundo de la filosofía va
modificándose, enriqueciéndose o empobreciéndose, pero no es el mismo.
Aclarado esto, se trabajarán dos fragmentos: uno de Heráclito, el fragmento 30,
y otro de Protágoras.
Toda interpretación es un hacer decir lo que explícitamente un acontecimiento
o un texto no ha dicho. Conscientes de esto, se procurará la mayor objetividad
posible, y tomaremos la siguiente pregunta como directriz de nuestro análisis:
volver a pensar dos grandes sentencias filosóficas, que provocaron en la
comprensión la dificultad y la perplejidad, proferidas por dos filósofos muy
antiguos y de los que siempre se supo muy poco.