Metron en Protagoras y Heraclito(1).pdf


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filósofo ha presentado desde tiempos antiguos enormes dificultades para su
comprensión, comenzando por sus contemporáneos. Pero evidentemente no le
interesaba hacer claras y visibles sus verdades sino resguardarlas, tal vez para que
sólo puedan comprenderlas iniciados. No necesariamente debemos descalificarlo
como arrogante por preservar sus hallazgos de la profanación o la manipulación, o
peor incluso: la censura o la persecución.
En cuanto a Protágoras, era lugar común, ya en aquellos tiempos, interpretar la
palabra metron de su célebre sentencia como “criterio”, como “parecer”, como
juicio determinativo o valorativo. Platón, Aristóteles y otros comentaristas
parecen comprenderlo así. Platón, desde ya, lo comprende, o no lo comprende así
pero lo presenta, como si Protágoras redujera la realidad a retórica, en el sentido
superficial que la retórica adquiere en Platón: retórica como arte para persuadir o
convencer a otro de la veracidad de una cosa independientemente de su veracidad
real. Aristóteles, en cierta coincidencia con su maestro, lo comprende como lo
creído, lo opinado, lo considerado: ηὸ δοθοῦλ.2 O sea, la doxa: estamos ante la
misma la palabra. Bien: nuestra propuesta en el presente trabajo es justamente
presentar la interpretación contraria: pensar al metron como fundamento
ontológico y no como mera apariencia —pensar al metron lejos de cualquier
sentido en proximidad con la doxa.
Sin embargo, a diferencia de Aristóteles y de Sexto Empírico, Hermias parece
introducir una curiosa novedad interpretativa. En un típico libro proselitista
dirigido contra los “filósofos paganos”, con toda la malicia, perversidad y
superficialidad característica de este inédito género literario cultivado por los
cristianos de los primeros siglos, explica que Protágoras está concibiendo al
hombre como el “límite y juicio de los objetos”, y que entre éstos, los objetos,
sólo existen “aquellos que caen bajo su percepción” mientras que los que no, no
existen.3 Hay una resonancia inevitable con el principio de Berkleley esse est
2

Metafísica, XI, 1062b.

3

Irrisión de los filósofos paganos, IX, D, 653, fragmento seleccionado y traducido por la edición

Los sofistas. Testimonios y fragmentos, a cargo de A. Melero Bellido, publicado por Gredos.