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Ahora soy adulta, tengo un estudio cerca de la casa de mis padres y escribo
novelas. Como eso no da para vivir, también imparto algunas clases de literatura
francesa y organizo talleres de escritura en un centro cultural. Un amigo de la época
en que estudiaba en París abrió una cafetería en mi mismo barrio y a veces le ayudo
a organizar conciertos, llamando a amigos músicos que conocimos también en el
extranjero.
A pesar de todo, no he vuelto a tener un amigo como Makoto y, aunque de vez en
cuando salga con hombres, nunca he sentido ese arrebato que me llevó a querer
casarme con él.
A veces pienso que quizá las criaturas demasiado puras tienenuna vida corta, como
un hermoso gato de un blanco inmaculado o un ave de plumas casi transparentes.
Aunque su espíritu se hallara en un plano muy elevado, Makoto todavía era un niño.
Y, siendo un niño, murió diciendo: <<No quiero volver a casa>>. Eso se quedo
grabado de manera indeleble en mi corazón.
Si algun día me enamorase de una persona hasta el punto de querer casarme y
tener un hijo, creo que al niño le pondría de nombre Makoto.
En casa, mi padre sigue trabajando con toda su ilusión, dedicado tanto a las
antiguallas como a las nuevas publicaciones, en esa librería donde el cliente puede
hojear los libros de pie y servise té a voluntad. Mis libros están allí expuestos con
orgullo, y, por mi parte con cierta vergüenza. Mamá esta bien y su hermana
pequeña, es decir, mi tía, que se ha divorciado, les ayuda en el negocio.
Nunca me habría imaginado que nuestra familia y el negocio pudieran marchar tan
bien, sin cambios.
De vez en cuando, todavía contemplo desde el primer piso las ventanas de la casa
de Makoto.
Las misma ventanas iluminadas detrás de la aroboleda del jardín.
Su hermana se ha hecho cargo del negocio, el hermano mayor se ocupa de la
contabilidad y gestión, y la tienda prospera como uno de los reclamos de la zona. Al
parecer, muchos clientes vienen desde lejos para comprar sus dulces. Ahora
también están los hijos de la hermana y el hermano. Seguramente se producirán
desacuerdos, entre ellos, pero su vida, seguirá de manera inmutable, arrastrada por
la corriente del tiempo.
También el niño que desapareció ha sido engullido por completo.