Huida de las cerdas.pdf


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-Este río no moja, pero quema, tiene unos animales muy grandes que están
enfadados, ¡me dan mucho miedo!
-El búho nos dirá cuándo podemos cruzarlo, venga, nena, haz caso a mamá...
Pero, si se ponía cabezona, no había manera de hacerle entrar en razón, perdieron
varias buenas oportunidades de pasar a la otra orilla del asfalto, y no podían
permitírselo. El búho, ligeramente preocupado porque se les echaba la mañana
encima, bajó de una farola, posándose con toda suavidad sobre el lomo de la
asustada cerda. Acercó su poderoso pico a la oreja de Xisca, algo le contó, traducido
por Malibú, en voz baja, y rápidamente la cerdita tomó con el morrete el rabo de
Mami, que es así cómo estos animales se dan la mano, diciéndole:
-Cuando quieras...
Al llegar al otro lado de la autopista de seis carriles, Lilith preguntó cómo había
logrado convencerla.
-Muy fácil -dijo la intérprete-. Le contó que o cruzaba con nosotras o él mismo la
llevaría con el pico del pescuezo.
Se echaron a reír y siguieron rumbo al parque. Cuando las cerdas vieron que el ave
que las ayudaría en la siguiente etapa de su viaje era una gaviota, hicieron piña con
las cabezas, frotándose la frente unas a otras, para demostrar su alegría. ¡Estaban tan
cerca del mar...!
Entraron en esa especie de escondite medio natural del parque, dispuestas a
descansar un poco hasta que la gaviota les dijera que cruzasen a la playa; estaban
agotadas, pero también nerviosas. Una vez acopladas todas juntas, escucharon un
ronquido casi a su lado. Un ronquido humano.
A Susi se le escapó un grito inmediatamente sofocado por Eva, pero ya era tarde.
Ahora veían, entre las sombras, un cuerpo que se removía en el suelo y que las
miraba con tal cara de asombro que, de no tener tanto miedo, Xisca se habría