Huida de las cerdas.pdf

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-¡Lo estáis consiguiendo, ésas son mis chicas!
-¡Amber, qué susto nos has dado, que estamos muy cerca de las luces y andamos
más mosqueadas que nutria en peletería!
-Sé que llegaréis, no tengáis miedo ahora, sino mucha precaución, que ya sabéis la
diferencia que hay entre los dos conceptos.
Amber era, a veces, tan madraza como maestra, ya les estaba dando la charla, y
como las cerdas sabían que si se ponía pesada con los consejos no dormirían esa
mañana...
-Estamos recias, Amber, qué bien nos ha venido movernos por los bosques -era
Lilith.
-Por dentro y por fuera, no te preocupes por nosotras, ya sabes que lo que se nos
mete entre ceja y ceja, lo conseguimos -era Eva.
-Todos los días como manzanas, las de estos arboles son pequeñitas, pero como hay
muchas... -le dijo Xisca.
-Da recuerdos a los gatos y un abrazo muy grande a Freakylin -Susi y Freaki eran
muy amigos-, y cuelga ya, anda, que tenemos que prepararnos para la etapa de la
noche.
Amber se dio cuenta de la madurez que había adquirido Susita en unos días. No hay
nada como la independencia.
A las cuatro y cuarto de la madrugada, las dejaba el búho real en un rincón del
parque urbano, una esquina discreta rodeada de un alto seto de aligustre que las
escondería de miradas ajenas al grupo. Habían sufrido un pequeño retraso porque
Xisca se había negado en redondo a cruzar una autopista:
