Huida de las cerdas.pdf


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Salieron a las doce de la noche y nueve minutos -manías de la humana- con su
frasquito al cuello y un carabo y un cuco por encima, para guiarlas en la primera
etapa de su viaje, que sería la menos expuesta, ya que no había poblaciones en 25
kilómetros a la redonda.
Bien juntas, para que todas supieran en cada momento dónde estaban las demás,
fueron subiendo peñascos y cerros con esa agilidad innata que poseían, disfrutando
de la fresca brisa que movía sus largas pestañas.
El aire les venía muy bien para que se removieran y les llegaran mejor los olores de
lo que había en una gran extensión de terreno; su sentido del olfato es muy potente,
en el genoma del cerdo hay un número muy alto de duplicaciones de genes de
receptores olfativos, se han identificado nada menos que 1.301, no se les escapa
nada por la nariz.
El cuco iba hablando con Malibú, mientras Xisca y Susi se miraban con cara de
alucinación contenida, como diciéndose: "¡estamos fuera!”, felices y emocionadas
de verdad.
-...Y si quieres una brújula infalible, mira la Estrella Polar, es aquélla, ¿la ves...?
Siempre está en el mismo sitio, para indicarnos el camino hacia el norte...
-Hay tantas estrellas... ¿las conoces todas? ¿todas señalan algo? -preguntó Malibú al
cuco.
-Todas tienen su historia, y la cuentan al que pueda verlas. Porque hay pueblos
grandes donde no se pueden ver porque las luces apagan los cielos por la noche. Yo
creo que eso es para que los humanos no puedan descansar y trabajen, y se gasten lo
que ganan y vuelvan a trabajar para volvérselo a gastar... como las gallinas, pobres,
que las tienen poniendo huevos durante 24 horas. porque no saben cuándo
anochece.
Malibú recordó una canción que escuchaba su amiga Amber en los atardeceres de
invierno, al lado de la chimenea y mirando por la ventana: “El Cuco es un pájaro