Una navidad diferente.pdf

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―…
―¡¿CÓMO?! ¿Que la madre dice que está castigado por suspender cuatro? ¿Pero eso
cómo va a ser? O sea, el otro día sí y ahora no.
―…
―Sí, claro, que se enteró ayer de que había suspendido cuatro. Eso no puede ser
porque entonces es que no se ha interesado en todo el trimestre por el niño. Eso es ella
que nos quiere castigar, la muy víbora.
―…
―Sí, mamá, es una víbora.
―…
―Vale, sí, estamos en Navidad… ―Se resignó, harta de su excuñada―. Pero entonces
qué, ¿cómo lo solucionamos? Porque así no castiga al niño, nos castiga a nosotros. ―Y a
su hija―: ¡MIRANDA, EL MARCOS PARECE QUE NO VIENE! ¡Y ABRE, QUE OIGO
A TU PADRE EN EL PORTAL!
III
Hacía frío y al mundo no le importaba. Demasiado pendientes de celebrar la fiesta
perfecta con sus respectivas familias.
Marcos lo detestaba. Tener que pasar estas navidades castigado por una estúpida nota
era algo que no le hacía gracia alguna. Si había algo que podía agradecer era que su
madre se había limitado a quitarle el pasaje, y no a encerrarlo en su habitación.
Aprovechó para caminar por allí.
Ajetreados, ruborizados y con sudor en los rostros; de las personas que corrían a su
alrededor, ninguno parecía disfrutar plenamente las fechas. Ninguno de ellos veía a la
niña con la mano tendida hacia ellos.
—Hola —le saludó ella—. ¿Una moneda?
Era menuda y su ropa estaba mugrienta allí donde los agujeros no llegaban. Era un
año menor que él pero sabía que había visto mucho más en la vida. ¿Cómo era capaz
de sonreír siempre?
—No tengo... Pero compré este sándwich de milanesa, ¿quieres?
Ella lo tomó, lo partió en dos y le ofreció la otra mitad.
—No, gracias. No quiero... En serio.
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