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todos lo bien que le cocina la rusa esa que cuida a su padre y me hizo quedar de… De
eso… De mediocre. Pues este año se va a enterar, ya verá, las patas de cangrejo están
tan frescas que se van a ir corriendo.
―Cuanto espíritu navideño, ¿eh?
Intentando controlar la risa, Pili se acercó al teléfono que estaba puesto junto al Belén,
lo que ella llamaba su misterio. Lo miró con orgullo (ella misma lo había pintado) y
marcó.
―¡Mamá, no encuentro la pimienta!
―¡BUSCA BIEN Y NO GRITES!
―¡¡¡VALE!!!
Pili empezó a tamborilear con los dedos en el auricular…
Un tono.
Dos tonos.
Tres tonos…
Y alguien lo cogió.
―¿Mamá?
―…
―¿Qué te iba a decir…? Ah, escucha, estoy haciendo unos calamares rellenos que te
mueres. Que ricos, hija.
―…
―¿Una mala noticia? Ay no me digas que papá se ha puesto malo otra vez con la
hernia… ¡MIRANDA! ―le gritó a su hija― ¡Que el abuelo está malo!
―…
―Ah, ¿que está estupendamente, dices? Bueno y entonces, ¿qué es lo que ha pasado?
―Y a su hija―: ¡Miranda, que el abuelo está bien!
―…
―¿Cómo que el Marcos no viene? ¿Pues no le compraste el billete de avión el otro día?
¿Cuánto te costó? Por lo menos doscientos sesenta o doscientos cincuenta o por ahí.

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