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que podía tratarse de una visita rápida.
—Te vinimos a buscar para festejar la Navidad. —Aunque la propuesta sonaba
agradable, el muchacho lo dijo con un tono serio.
—¿Festejar la Navidad? ¿De qué hablás? —preguntó con incertidumbre.
—¿No te enteraste? —preguntó asombrado.
—No, esperá. ¿Enterarme de qué?
—Julián... está solo. —Agachó la cabeza y movió sus manos como gesto de nerviosismo.
—¿Me estás cargando? Hablá, decime qué pasa —dijo levantando un poco la voz,
preocupado.
—Se murió el abuelo de Julián. No tiene a nadie, ahora. —Levantó sus ojos y lo miró
de frente.
—¿Cómo? —Tragó saliva con dificultad; se sintió incómodo, su misma presencia le
molestaba; no sabía que más hacer ni decir.
—Es un bajón. Vamos a ir con él, para no dejarlo solo —dijo mientras miraba a sus
compañeros y asentía con la cabeza—. ¿Venís?
Tantas cosas: recuerdos, emociones, sensaciones sin control, pasaron por la mente de
Marcos para estancarlo en la duda.
—No te preocupés por nada, pero hay que levantarle el ánimo de alguna forma.
Amistad, concepto que recorrió su cabeza en aquel instante; no como una palabra, sino
como un sentimiento. ¿Qué era más importante en su vida? ¿Visitar a su prima de
España? Tal vez.
VIII
Las calles de la ciudad quedaban abrigadas en ironía por la propia nieve. Había dejado
de nevar, pero en la mente de los últimos transeúntes aún figuraba, tan centrados en
llegar a tiempo para la cena de la noche.
Así sucedía con Carmen, que intentaba recuperarse además del viaje en avión que
acababa de realizar junto a su acompañante. Tanta prisa no la había dejado evaluar la
situación, y en el avión prefirió dormir para recuperar la energía que necesitaría para
esa noche única del año. En teoría los abuelos de su hijo tenían que haber estado en el
aeropuerto para recogerlos, pero la situación los había hecho adelantarse a donde se
dirigían en ese momento.

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