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Toma un café contigo mismo
Walter Dresel

Recuerde: el mundo respetará nuestros límites si le
indicamos dónde están.
Los límites emocionales definen el tipo de personas que
somos. Todas las agresiones a esos límites deben ser
interpretadas como una amenaza para nuestra integridad.
El ser humano se compone de un complejo de valores, ideas
y sentimiento, y de una visión particular del mundo que lo
rodea. Los límites emocionales protegen ese complejo.

EL PERÍODO DE TRANSICIÓN
Una parte importante de este proceso de transición es
recordarnos los éxitos obtenidos a lo largo de nuestra
existencia.
La idea a construir es que en la transición estamos
abriéndonos un nuevo camino en la vida, y vamos
incorporando fuerzas a medida que avanzamos, paso a
paso. Asumir que podemos dar un pequeño paso con éxito
nos dará la confianza para intentar desafíos mayores.
En la transición, es probable que nos sintamos vulnerables y
que como consecuencia de eso podemos volver a fracasar.
Pero también es cierto que, mientras nos reprochamos
durante nuestros errores, olvidamos con mucha
frecuencia felicitarnos por nuestros logros.
La adversidad hace a algunas personas más fuertes, y a
otras las destruye. Quién ha de sobrevivir y quién no lo hará
no depende de la situación económica ni de los méritos que
haya acumulado a lo largo de su vida; la supervivencia está
vinculada a la fuerza interior, esa fuerza inconmensurable
que tenemos los seres humanos que nos protege y no
permite que los acontecimientos que nos toca vivir nos
destruyan.

existencia sufriendo por cosas que no tienen sentido, hasta
el punto de perder por completo el contacto con la alegría
de vivir y la armonía de la existencia.
Independientemente de la profesión, empleo, o aquello a
que dediquemos nuestros desvelos, recordemos que no hay
nada en el mundo más importante que nuestro bienestar y
paz interior. Si estamos obsesionados por dejar la carpeta
de tareas en cero antes de mirar hacia adentro, nunca
alcanzaremos nuestra meta.
Seamos flexibles y aprendamos a comprender que el día
que no estemos físicamente presentes, todas las cosas
que dejemos pendientes van a ser realizadas por alguien, o
quizá caigan en el olvido.
Cuando permitimos que los problemas del pasado y las
preocupaciones especulativas sobre el futuro dominen
nuestro presente, a corto plazo aparecen las desesperanza,
la frustración y, muy probablemente, la depresión.
El hoy, aquí y ahora es lo que tenemos realmente y es el
único tiempo y espacio sobre el que podemos ejercer cierto
control.
También la paciencia es algo que debemos aprender a
cultivar en este período de transición. La paciencia es una
de las cualidades que más han de ayudarnos a convertirnos
en seres humanos más tolerantes.
La paciencia es una de las cualidades que podemos
aprender a desarrollar en los períodos de transición entre
algo importante que nos ha sucedido y el presente que nos
debe conducir hacia un futuro diferente, si queremos arribar
a resultados favorables a nuestra persona.

Una de las virtudes que tiene atravesar por este túnel de
la transición es que nos ayuda a aprender a no alterarnos
por cosas que, cuando las analizamos con mayor atención,
comprendemos que no son tan tremendas. No obsesionarnos
por problemas y preocupaciones insignificantes,
reaccionando de una manera desproporcionada frente al
hecho que los produjo, nos ayudará a preservar nuestra
salud física y mental.
Los seres humanos nos enfrentamos a diario con numerosos
ejemplos de “hechos insignificantes” a los que atribuimos
una importancia desproporcionada.
Hombres y mujeres pasamos gran parte de nuestra
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Resumen elaborado por Carlos Aguirre. Carlos.Aguirre@incae.edu

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