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Toma un café contigo mismo
Walter Dresel

Temor a la autoridad
Habitualmente, las personas que ejercen cierto poder
sobre nuestra persona inhiben en nosotros el desarrollo
de una buena autoestima. Una vez que llegamos a la edad
adulta, esto no puede seguir sucediendo si nosotros no lo
permitimos. Una cosa es acatar órdenes de quien tenga
circunstancialmente autoridad en nuestro trabajo o en
nuestra vida privada, y otra muy distinta es permitirle ejercer
su control sobre nuestros sentimientos y decisiones. Dejar
que esto suceda nos hará perder el control de nuestra vida.

EL DERECHO AL BIENESTAR
LOS ESPACIOS Y LOS LÍMITES
A un hombre se le puede quitar todo excepto una cosa,
la última de sus libertades: elegir su actitud frente a
cualquier circunstancia; elegir su camino.

Víctor Frankl
Sólo uno sabe dónde nos duele

Incomunicación
La dificultad para expresar aquello que sentimos resulta aún
más penosa. Es que guardamos lo que debemos comunicar
va en contra de la transparencia de nuestro relacionamiento.
La mayoría de las veces poder expresar nuestros verdaderos
sentimientos redunda en un enriquecimiento real de
nuestros vínculos, aunque los demás puedan eventualmente
molestarse con aquello que les decimos.
La hora de la verdad
A muchas personas les cuesta confrontar ideas con otras
personas, o también les sucede lo opuesto, es decir, sufren
cuando huyen para evitar así ese enfrentamiento por
completo.
El juicio de los demás
Es frustrante saber que otras personas tienen un juicio
sobre nosotros que no se ajusta a la verdad. En algunas
circunstancias, podremos descubrir el porqué de esa
imagen, y de esa manera proporcionarles más información
para que cambien su opinión. Sin embargo, no siempre será
posible y eso no puede destruir la autoestima. Recuerde
que siempre el juicio que más importa es el que le merece
su propia persona.
La búsqueda de la aprobación
Cuanto más inseguros, más propensos a pasar del temor
al pánico.
Saber decir no
Saber decir “no”, sin sentirse culpable es una forma de
comportamiento que podemos aprender a desarrollar.

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Tomar el mando de nuestra existencia implica ser
protagonista principal en las decisiones que tomamos
diariamente, y que nos acercan o nos alejan del bienestar.
Recordemos que nadie nos conoce mejor que nosotros
mismos, y eso nos lleva de la mano al pensamiento de que
nadie puede saber mejor que uno mismo qué es lo que
necesita para acceder a ese bienestar.
La vida transcurre y siempre encontramos un punto de
inflexión donde por alguna circunstancia o acontecimiento
comenzamos a ocuparnos de cómo nos tratan
emocionalmente las demás personas. Este es el momento
ideal para conocer los límites de lo que es seguro y apropiado
para preservarnos íntegros.
Permitir que alguien abuse de nosotros o nos hiera, así
sea verbalmente, no implica que esa persona sea superior
a nosotros. El único modo de lograr relaciones de respeto
mutuo es establecer límites claros, que marquen hasta
dónde puede una persona penetrar en nuestro territorio, y en
qué punto esto pasa a ser una invasión; solo así podremos
concretar nuestra necesidad de protegernos.
Los límites sin duda ponen orden en nuestra vida. Si desde
pequeños nos enseñan sobre ellos, eso nos permitirá tener
una idea más clara de nosotros mismos y nos ayudará
increíblemente a mejorar nuestras relaciones con los
demás. Saber reconocer y establecer límites nos permitirá
ubicar a los demás en su trato hacia nosotros.
Los límites sanos nos protegen de la agresión indiscriminada,
la mezquindad y la falta de consideración de los demás,
todas situaciones a las que podemos vernos enfrentados,
en el largo y duro trayecto de la Existencia.
En condiciones normales, los límites comienzan a formarse
en la infancia.

Resumen elaborado por Carlos Aguirre. Carlos.Aguirre@incae.edu

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