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Toma un café contigo mismo
Walter Dresel
Comience a fijarse en cómo habla usted de sí mismo
y qué mensaje recibe quien lo escucha, y luego
podrá entender con más claridad por qué a veces no
obtenemos aquello que deseamos.
Pero si no nos tomamos la molestia de hacernos las
preguntas, de cuestionarnos nuestros defectos, de descubrir
las áreas débiles de nuestra personalidad, no digamos luego
que no sabemos por qué sentimos que estamos arruinados.
Nuestros puntos débiles pueden ser nuestra fuerza
La ansiedad
La ansiedad definida como el “temor sin objeto” es un
sentimiento muy difícil de delimitar que nos invade cuando
no podemos establecer un control adecuado de los
acontecimientos que aparecen imprevistamente, y ante los
cuales nos vemos en la necesidad de responder con rapidez.
Cuantas menos alternativas de hacer frente a la situación
tenemos, más hostil nos parece el desencadenante del
estrés, y mayores la perturbación y el nivel de ansiedad.
El desánimo
La falta de confianza nos inclina a la constante evaluación
de las distintas situaciones que debemos enfrentar y de
nuestra capacidad para hacerlo. La autodesvalorización se
sintetiza a menudo en el siguiente planteo: “Si no puedo
hacerlo perfecto, mejor no comienzo”. Este pensamiento
expresa la certeza de que no vale la pena actuar, porque
desde el comienzo ya sabemos que no vamos a obtener
buenos resultados.
Aprendemos a hacer hincapié en nuestros defectos,
viéndolos a través de una lente de gran aumento.
Si cada vez que nos toca actuar sentimos sobre nuestros
hombros el peso de una probable derrota, no podremos
experimentar la alegría asociada con la posibilidad de lograr
el éxito en lo que nos proponemos.
La vergüenza
La vergüenza es un sentimiento que aparece cuando
tenemos la certeza de que somos lo contrario de lo
que deberíamos, absurda manera de juzgar nuestras
capacidades que aplicamos a todo lo que nos somos, a todo
lo que no pudimos hacer y que tampoco hemos de poder
realizar en el futuro.
El rechazo
Este sentimiento, aparece ante la seguridad de que nada en
nosotros es digno de admiración y deja entrever el temor a
enfrentarse al juicio de los demás, que es vivido como una
sentencia inapelable. Cuando ni siquiera podemos construir
un sueño sobre nosotros mismos, tampoco nos sentimos
proclives a alimentar sueños sobre los sentimientos de los
demás hacia nosotros.
¡Cuidado! No es el mundo el que nos excluye.
Somos nosotros mismos quienes no nos damos el lugar
que nos corresponde.
El sentimiento de inferioridad
De acuerdo con la estructura psicológica de cada ser
humano, este sentimiento puede ser permanente o
presentarse por espacios de tiempo más o menos breves.
Cuando se instala de modo permanente, tornándose
excesivo, anula la conciencia, y configura un verdadero
bloqueo a la realización de cualquier proyecto personal.
¿Cómo lo bloquea? Con la excusa de la ineficacia: para qué
intentar hacer algo que sabemos que no seremos capaces
de llevar a buen fin.
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Resumen elaborado por Carlos Aguirre. Carlos.Aguirre@incae.edu
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