Antopoceno, capitaloceno... Generando relaciones de parentesco Donna Haraway AmigaRara .pdf

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otros, en todos los sentidos imaginables, épocas por venir
que puedan reconstituir los refugios.
En este momento, la tierra está llena de refugiados,
humanos y no humanos, y sin refugios.
Entonces, pienso que más que un gran nombre, en
verdad, es preciso pensar en un nuevo y potente nombre:
Antropoceno, Plantacionoceno8 y Capitaloceno (término
de Andreas Malm y Jason Moore antes de ser mío9). Y
también insisto en que necesitamos de un nombre para
las dinámicas de fuerzas y poderes sin-chtónicos10 en
curso, de las cuales las personas son una parte, dentro
de las cuales ese proceso está en juego. Tal vez, pero sólo
tal vez, y sólo con intenso compromiso y trabajo colaborativo con otros terranos11, será posible hacer florecer
ensamblajes ricos en múltiples especies, que incluyan
las personas. Estoy llamando a todo esto el Chthuluceno
–pasado, presente y lo que está por venir12. Estos espacios-tiempos reales y posibles no fueron nombrados así
por el pesadillesco-racista y misógino monstruo Cthulhu
(note la diferencia en la ortografía), del escritor de ciencia ficción H. P. Lovecraft, sino por los diversos poderes
y fuerzas tentaculares de toda la tierra y de las cosas reunidas en nombres como Naga, Gaia, Tangaroa (emerge
de la plenitud acuática de Papa), Terra, Haniyasu-hime,
Mujer-Araña, Pachamama, Oya, Gorgo, Raven, A’akuluujjusi y muchas, muchas más. “Mi” Chthuluceno, aún
sobrecargado con sus problemáticos zarcillos cuasi-griegos, se enmaraña con una multitud de temporalidades y
espacialidades y una legión de entidades en ensamblajes
intra-activos, incluyendo más-que-humanos, otros-no6
humanos, inhumanos y humano-como-humus. Aún en un
texto en inglés americano como este, Naga, Gaia, Tangaroa, Medusa, Mujer-Araña, y todos sus parientes, son
algunos de los muchos nombres que resultan más apropiados para un estilo de ciencia ficción que Lovecraft no
podría haber imaginado o aceptado; o sea, entramados de
fabulación especulativa, feminismo especulativo, ciencia
ficción y hechos científicos13. Lo que importa es cuáles
narrativas cuentan narrativas, y cuáles conceptos piensan conceptos. Matemáticamente, visualmente y narrativamente, es importante pensar cuáles figuras figuran
figuras, cuáles sistemas sistematizan sistemas.
Los mil nombres propuestos son demasiado grandes
y demasiado pequeños; todas las historias son demasiado grandes y demasiado pequeñas. Como Jim Clifford
(2013) me enseñó, necesitamos narrativas (y teorías)
que sean lo suficientemente amplias para reunir las
complejidades y mantener sus límites abiertos y ávidos
de sorprendentes nuevas y viejas conexiones.
Una manera de vivir y morir bien, como seres mortales en el Chthuluceno, es unir fuerzas para reconstituir
los refugios, para hacer posible una parcial y sólida
recuperación y recomposición biológica-cultural-política-tecnológica, que debe incluir el luto por las pérdidas
irreversibles. Thom van Dooren (2014) y Vinciane Despret (2013) me enseñaron eso14. Ha habido ya muchas
pérdidas, y habrá muchas más. Ese renovado florecimiento generativo no puede ser creado a partir de mitos
de inmortalidad o del fracaso de hacernos parte de los
muertos y extintos. Hay una montaña de trabajo para
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