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Las normas de tesauros se ponen al día – Francisco-Javier García-Marco
con la nueva realidad. Así, el concepto de documento se ha teñido de multimedia y digital, internet se ha convertido en el ámbito por
excelencia de la referencia y la recuperación
documental, las bases de datos documentales
y los catálogos se han transformado en inevitables secciones de los portales de sus organizaciones, la catalogación ha transmutado en
asignación de metadatos, los lenguajes documentales se han convertido en ontologías
para la recuperación de la información,…
La ola del cambio tenía que alcanzar también a los tesauros, un campo muy específico
pero fundamental de las documentaciones
especializadas, y la respuesta a este reto, después de fraguarse durante casi una década,
ha empezado a concretarse en estos dos últimos años.
De la documentación técnica a
internet
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Los primeros tesauros se desarrollaron
dentro del ámbito científico-técnico en los
años cincuenta y sesenta para superar las dificultades que planteaba a la recuperación el
sólo empleo de palabras clave –nótese la analogía actual con internet– y, posteriormente,
de descriptores.
El primero en ser publicado en 1959 fue
el de DuPont, y los primeros en ser utilizados
por una amplia base fueron el Chemical Engineering Thesaurus –publicado en 1961 por el
American Institute of Chemical Engineers– y
el Thesaurus of Astia Descriptors –publicado
por el US Defense Documentation Center en
1962. La herramienta alcanzó su madurez en
1967 con el Thesaurus of Engineering and
Scientific Terms del Engineers Joint Council y
el US Department of Defense.
A la práctica siguieron las normas, lo cual es
también una lección interesante. La primera
norma propiamente dicha sobre tesauros fue
la Ansi Z39.19-1974 titulada Thesaurus Structure, Construction and Use, que fue publicada
por el American National Standards Institute
(Ansi, 1974) en 1974 y revisada en 1980. La
nueva herramienta se expandió rápidamente
en el contexto internacional. Se multiplicaron
las publicaciones y manuales y aparecieron
las recomendaciones de la Unesco y las diferentes normas internacionales y nacionales.
Anuario ThinkEPI 2008
En los años setenta la iniciativa normalizadora internacional la llevó el programa Unisist
de la Unesco (1973, 1980) siguiendo la estela
norteamericana. En la década de los ochenta tomó el relevo –con cierta lógica– la International Organization for Standardization
(1985, 1986).
Respecto a la situación en España, la nueva herramienta fue presentada en un libro
de Lasso de la Vega de 1966, pionero de
la amplia labor de difusión realizada posteriormente por Currás, de la excelente práctica realizada –notablemente por el Cindoc– y
de la investigación realizada por un notable
grupo de autores (García, 2002, 2006). A pesar de la pronta difusión en nuestro país, que
contribuyó con numerosos tesauros propios,
la aprobación de las correspondientes adaptaciones por la Agencia Española de Normalización y Certificación (Aenor) de las recomendaciones aprobadas por la Sociedad Internacional para la Normalización (ISO) se produjo
en el quicio de los noventa. El borrador de
las Directrices para el establecimiento y desarrollo de tesauros monolingües –UNE 50106-90, equivalente a la ISO 2788:1986, una
corrección de la ISO 2788 de 1975, a su vez
inspirada en las recomendaciones de la Unesco de 1970– fue publicado en la Revista Española de Documentación Científica en los años
1989 y 1990 (Aenor, 1989, 1990a). Finalmente, la norma fue efectivamente aprobada dicho año (Aenor, 1990b). Los borradores de las
Directrices para la creación y desarrollo de tesauros multilingües –UNE 50-125, un trasunto
de la ISO 5964, publicada en 1985– fueron publicados en la Revista Española de Documentación Científica en 1996 y 1997 (Aenor, 1996,
1997a), y las norma, aprobada y publicada en
julio de 1997 (Aenor, 1997b). Ambas pueden
consultarse fácilmente en el recopilatorio de
normas UNE sobre documentación publicado
por la Aenor (1999).
Las iniciativas de reforma
La necesidad de acomodar los tesauros a la
realidad marcada por internet se dejó sentir
muy pronto entre los expertos, y ha cristalizado recientemente. De hecho, en este momento existen ya dos normas reformadas de tesauros que abordan la problemática de su uso
