01 Loob Cazadores.pdf

Vista previa de texto
Leyendas de los 9 Reinos: 1ª Leyenda – Libro 1
01 - L OOB - C A Z A DOR ES
Bendita sea mi suerte. ¿Quién me manda a mí meterme en este fregado sin esperar al
resto? El caso es que el encargo a priori no era nada del otro mundo, un wyvern
encabronado más que se desquita en un pueblucho alejado de las manos de los dioses.
Todo como cabía de esperar en un principio, vecinos cabreados por tardar tanto en
llegar, mucha competencia, cada uno del equipo en una parte distinta del país, pero
bueno, simplemente era cuestión de esperarles y rezar porque el wyvern fuera
escurridizo y nadie le pescara antes que nosotros. Había señales por todas partes de que
la cosa no era tan normal, como por ejemplo que todos los habitantes del pueblo
evacuaran y huyeran durante kilómetros de bosque hasta el poblado más cercano, de
normal los wyvern intimidan mucho, se cargan unos cuantos escaparates, se comen
algún que otro caballo o perro callejero, pero poco más, así que era cuestión de estar
encerrados en casa y esperar a que el primer mercenario que llegara se lo cargara y a
volver a la vida normal. Pero no, este es lo suficientemente joputa como para hacer que
todo el pueblo saliera huyendo, y claro, pasa lo que pasa, se te olvida cerrar con llave, te
dejas algo en el horno, o en el caso de los tipos que yo me encontré, se les olvidó una
niña pequeña. Además huérfana, hija de su vecina a la que el wyvern se merendó el día
que llegó, y no se dieron cuenta de que su pobre hija faltaba hasta que llegaron aquí y
casualmente me vieron a mí, en fin. Me rogaron y me suplicaron que la salvara, así que
no podía esperar al resto de mi grupo y me metí en el pueblucho de mala muerte por mi
cuenta y riesgo en busca de una niña sola en mitad de lo que es ahora el nido de un
wyvern cabrón. Otra señal que me indicaba que algo no iba como debería es la cantidad
de colegas mercenarios cazadores que me topé mientras iba al pueblo, salvo que ellos
volvían de él un tanto acojonados. Y sin mediar palabra conmigo salvo para decirme
que huyera como un poseso, casi que debí hacerles caso a los primeros que me lo
dijeron, o a los octavos. Pero en fin, soy un sentimental, no puedo dejar a una niña sola
en medio de ese infierno, así que voy, la encuentro, evito al wyvern y me largo hasta
que lleguen mis compañeros y luego nos lo cargamos entre todos. Muy simple y bonito,
¿verdad? Pues como todo lo que uno fantasea, acaba por no ocurrir, y aquí me
encuentro, acurrucado entre los restos carbonizados de lo que supongo fue un bar,
tratando de ocultar mi olor entre la ceniza, mientras el wyvern más jodidamente grande
que he visto en mi vida pasa enfrente del ruinoso bar caminando como si fuera el amo
del cotarro. Y encima ni idea de dónde estará la niña.
De normal, los wyvern son bastante jodidos, son unas bestias pardas que como
mucho son el doble de grandes que un caballo y como muy pequeños del tamaño de un
gato, con una forma básica muy simple, escamas, dos patas, traseras si son wyvern de
tierra como es el caso de éste, o delanteras si son wyvern de agua, muchos colmillos y
muy mala uva. Suena muy mal, lo sé, pero como siempre los comparamos con sus
primos mayores, los dragones, que pueden ser hasta cinco veces más grandes que el
mayor de los wyvern, y además estos escupen fuego, a diferencia de sus primos
pequeños, pues los wyvern tienden a atemorizarnos menos. Así que cuando me
eligieron para esta misión junto con Colega y Jodra, pues me alegré, salvar el pueblo,
fama por acabar con un wyvern, luego lo vendemos al centro de estudios de
draconólogos más cercano, y pasta hasta las orejas. Pero no, este granujilla es como
mínimo el doble de grande que la raza más grande de wyvern, si no fuera porque solo
tiene dos patas diría sin reparos que es un dragón, pero bueno.
Darío Ordóñez Barba
Page 1
