Entrada de las cerdas en el mundo de Amber.pdf


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disparos de escopeta, no cabía ninguna duda... Salió para ver qué estaba pasando, la
muerte rondaba cerca, podía olerla, escuchar cómo orquestaba la batida...
-¡Han bajado por la Cuesta Nohaymorobueno! ¡A por ellas! (¡Guau, guaaaauuuu....
guauauuuu...!)
De pronto, tres cerdas morenitas, de buen tamaño y que venían corriendo a toda
velocidad (no podía creer lo ágiles que eran esos mamíferos a los que hasta
entonces sólo había visto troceados en bandejas de espuma de poliestireno o
colgados de ganchos de mataderos), detuvieron su carrera al cruzarse con la mirada
de la alquimista de aldea. Amber no necesitaba más pruebas de lo que estaba
ocurriendo frente a sus narices. Se situó delante ellas con un movimiento de brazos
abiertos formando muralla, y protegió los cuerpos amenazados con el suyo; cuando
el efecto sorpresa que había dejado inmóviles a esos señores que mataban animales
y se lo pasaban bien empezó a disiparse, Amber comenzó a tirarles piedras con tal
precisión en cuanto a dirección y velocidad, que sólo necesitó cuatro o cinco. Una
vez despejado, momentáneamente al menos, el peligro, invitó a las tres cerdas a su
casa. No podía dejarlas solas en un pueblo como San Juan del Oso, que tenía
antecedentes por maltrato animal desde la Edad Media, por lo menos. Una de las
cerdas estaba embarazada; no quiso pensar en lo mal que lo habría pasado la futura
madre al encontrarse con esos energúmenos. Al cabo de dos meses, otras tres cerdas
habían ingresado en el mundo de Amber, y fueron bienvenidas también.

Al principio no se comunicaban más que con caricias o gruñidos, una pena,
porque tendrían una historia interesante sobre sus lomitos, que, Amber mediante, no
se cortarían en filetes. Le parecía que mantenían con ella conversaciones
silenciosas... cambiaban la abertura y la profundidad de sus pupilas cuando la
miraban... sí, estaba segura de que le decían algo que no era capaz de entender,
aunque intuía que le daban las gracias. Sobre todo a la hora de las comidas. En el