Entrada de las cerdas en el mundo de Amber.pdf

Vista previa de texto
una energía de... Se daba cuenta de que las cosas trascendentales no son fáciles de
precisar. A veces, hasta imposible.
Todo lo anterior no es más que una forma como cualquier otra de intentar explicar
qué pudo convencerla para estar tan cerca de cuatro gatos y seis cerdas, si el único
animal doméstico con el que había compartido techo hasta entonces se llamaba
polilla y había sobrevivido, la pobre, como polizón dentro de los armarios. Lo
extraño de su comportamiento, sin embargo, no radicaba en el hecho en sí, no
demasiado alejado de lo que podía verse en su entorno, sino en la intención. Los
gatos no vivían con ella en calidad de máquinas de matar roedores, aunque eran
libres para hacer lo que quisieran -no obstante, un ambiente tranquilo en
combinación con el estómago lleno, hacía el milagro de que sólo quisieran jugar
con esos pequeñajos orejones-, sino por puro placer de Amber. Era ética y estética
esa belleza que iban distribuyendo a su paso elástico y literalmente encantador.
Las cerdas estaban refugiadas. Aparecieron por la Peña Alta, corriendo delante de
las escopetas de unos señores que tienen la costumbre de reunirse en grupo y acosar,
perseguir y dar muerte a cuantos más animales, bastante más pequeños que ellos y
desarmados, mejor. Lo llamaban caza, y, algunos, hasta deporte. Amber estaba
probando, en el preciso momento en que las pobres cerdas huían de la jauría
humana, una nueva composición química que quería perfeccionar; se le había
metido en la cabeza conseguir un enteógeno que arrojase alguna luz acerca del
eterno importante momentáneo. Ella sabía lo que se decía.
Habían transcurrido cuarenta y cinco minutos desde la especial ingesta, y ya
empezaba a notar que su mente se centraba en asuntos antes insignificantes, pero
que de repente tomaban un tamaño extraordinario en la escena mental de su interés.
Y entonces...
-¡¡¡Por allí, por allí...!!! ¡¡¡Que no escapen!!! ¡PUM, PUM...!
¡CATAPUUUUMMMMM!, respondió el eco, y una atronadora lluvia invisible
rodeó el campo auditivo de Amber con estruendo poderoso. Supo entender que eran
