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la población de Hungría la constituían minorías nacionales no húngaras (los alemanes, rumanos, eslovacos, serbios y rutenos), y estos
pueblos exigían derechos autónomos, que el gobierno húngaro no
tenía la intención de concederles.
Además, el país necesitaba urgentes
reformas sociales, seguía en vigor el
sistema latifundista y las masas del
campesinado empobrecido, los obreros organizados de las grandes
industrias y las capas burguesas e
intelectuales, cada vez más fuertes,
reivindicaban transformaciones radicales. Pero los gobiernos conservadores húngaros oponían metódicamente cualquier intento de
reforma. Los poemas pesimistas de
Gyula Reviczky y de János Vajda, así
como las novelas irónicas de Kálmán
Mikszáth dan parte sobre este
período tanto de enriquecimiento
como de conflictos profundos.
Una vez más, la vida intelectual
hubo de representar los ideales del
desarrollo libre, del compromiso con
las nacionalidades y de la transformación democrática. A principios
del siglo XX, y bajo el signo de la
renovación nacional y cultural, surgió
el movimiento de escritores en torno
a la revista “Nyugat” (Occidente),
que dio un nuevo significado a la
tradicional orientación occidental de
la literatura húngara, al introducir las
grandes corrientes intelectuales y
artísticas del fin de siglo y comienzos
de la nueva centuria. La poesía mítica
de Endre Ady, la obra representativa
de altos principios morales de Mihály
Babits, la perspectiva europea de Dezso´´ Kosztolányi, el culto a la belleza
de Árpád Tóth y la lira de Gyula Juhász que se concomía entre conflictos espirituales, fueron expresión de
esa modernidad húngara y europea al
mismo tiempo, al igual que la fueron
las novelas descriptivas de la realidad
de Zsigmond Móricz, y el mundo de
ensueño de Gyula Krúdy, el que en
su manejo del tiempo llegó a los
mismos resultados que los renovadores europeos occidentales del
género de la novela.

También nuestros compositores y
artistas plásticos participaron en la
renovación intelectual, entre ellos
Béla Bartók y Zoltán Kodály, quienes
injertaron las tradiciones de la música
antigua y popular húngara en la
cultura musical moderna, así como
József Rippl-Rónai, Tivadar Csontváry Kosztka y Lajos Gulácsy, los
que crearon una genuina pintura
húngara según los ideales internacionales del impresionismo, simbolismo
y modernismo. Al mismo tiempo,
esta pintura húngara se radica
orgánicamente en de la historia del
arte europeo, incluso, Budapest junto
con Viena, fue el principal foco del
arte modernista.
La renovación espiritual, acontecida a comienzos del siglo XX en
Hungría, fue promotora de una
verdadera “ era de reformas nueva”.
Sin embargo, los planes reformistas
no tuvieron resultados, porque en
1914 estalló la Primera Guerra
Mundial, en que los húngaros, junto
con los demás pueblos de la
Monarquía, combatieron en el bando
de la Alemania imperial hasta el final,
y perdieron. La derrota sufrida en la
guerra no permitió la reorganización
moderna, la transformación federal
del imperio austro-húngaro, sucedió

todo lo contrario, hasta la antigua
Hungría llegó a desintegrarse. Tras
las conmociones sociales de la
transformación democrático-burguesa que tuvo lugar principalmente
en Budapest, en el otoño de 1918, del
golpe militar comunista de 1919,
encabezado por Béla Kun y de la
siguiente contrarrevolución “blanca”, encabezada por el almirante
Miklós Horthy, el tratado de paz
firmado en el palacio Trianon, cerca
de París, redujo el territorio histórico
de Hungría, dejándola independiente, a su tercera parte, con una
población que quedó en menos de la
mitad, y uno de cada tres húngaros
quedó bajo el poder de gobiernos
ajenos, convirtiéndose en minoría.
La vida económica húngara se
repuso con muchas dificultades de
las pérdidas sufridas, y el sistema
político implantado durante la
regencia de Miklós Horthy tampoco
promovió la verdadera modernización de la sociedad, sino todo lo
contrario: mantuvo los privilegios de
las capas dominantes tradicionales.
Aún así, en los años treinta se
manifestaron los resultados de la
modernización económica y cultural,
debido en este último caso, a la
actuación muy conceptual del

El edificio de la Academia de Ciencias Húngara

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