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La biblioteca del Colegio Reformador de Sárospatak
czi II dieron fiel testimonio de las
luchas internas de una destacada
personalidad. En la corte del príncipe
vivía Kelemen Mikes, renovador de
la prosa húngara, el que se vio
obligado a exiliarse, junto con su
señor, en Turquía.
Al finalizar las guerras turcas y
apaciguadas las luchas de independencia, las décadas del siglo XVIII
transcurrieron en Hungría con un
desarrollo relativamente tranquilo.
Esto se debió mayormente a la reina
María Teresa, la que con su política
tolerante y con su cariño para con el
pueblo fue la primera persona de la
dinastía de Habsburgo que pudo
conquistar la simpatía de los húngaros. Tras las enormes devastaciones,
el país se volvió a reconstruir: las
construcciones barrocas de esta
época representan la imagen de la
Hungría del antaño. Se erigieron
palacios, catedrales, bibliotecas y
escuelas y al cabo de poco tiempo
también renació la cultura literaria.
Los jóvenes húngaros que prestaban
servicio en la guardia de corps en la
corte vienesa fueron los primeros en
conocer los ideales de la Ilustración
francesa y alemana y por iniciativa de
ellos cobraron fuerza las bellas letras
y la literatura científica en lengua
materna. En este período, el país,
como reino con cuerpo estatal
propio y autonomía, formaba parte
del imperio Habsburgo, por lo tanto,
su independencia no era total.
El hijo de la muy popular reina,
José II, quería establecer una
monarquía centralizada y aunque
introdujo reformas de gran valor en
los ámbitos social y religioso, no
tenía la intención de cumplir aquellas
aspiraciones de los húngaros que se
relacionaban con la cultura y con el
idioma. Su sucesor anuló las reformas introducidas por iniciativa de
José II. Por esto, el movimiento
republicano húngaro, surgido a raíz
de la ilustración francesa y de la
revolución parisina de 1789, aspiró a
cambios muy radicales, pero sin
ningún éxito: sus dirigentes fueron
ejecutados o encarcelados.
Por tanto, los talleres de la independencia nacional y de la transformación social tuvieron que organizarse en el campo de la literatura, en
pos de las ideas de la ilustración y del
liberalismo occidentales. Tras el
tormentoso siglo y medio del yugo
turco, la vida intelectual húngara volvió a encontrar la corriente principal
del desarrollo cultural occidental.
Los representantes de estos ideales
eran el ex-prisionero Ferenc Kazinczy, consagrado a la renovación
moderna del idioma húngaro, Mihály
Csokonai Vitéz, muerto muy joven,
quien introdujo el mundo sentimental de la poesía rococó, así como
Dániel Berzsenyi, en cuyas formas
poéticas clasicistas se detecta la huella del universo visionario y filosófico
del romanticismo.
La primera mitad del siglo XIX
fue la era heroica tanto de la historia
como de la literatura húngaras. En
esta época, las asambleas nacionales
húngaras sentaron las bases para la
transformación social, la liberación
de los siervos y la aparición de la
burguesía; el húngaro se convirtió en
el idioma de la vida estatal y la cultura
magiar pudo alcanzar una vez más la
cultura de las naciones occidentales.
El conde István Széchenyi, persona
de una vasta cultura occidental y
excelente autor de diarios, de
orientación, principalmente inglesa,
se puso a la cabeza de la construcción económica y política que se
llevó a cabo durante la llamada era
de las reformas húngara. A raíz de
su abnegado trabajo organizador, se
creó la Academia de Ciencias de
Hungría, se construyó el Puente de
Cadenas, para unir Buda y Pest, se
inició el desarrollo de la red ferroviaria húngara y la regulación de los
ríos Danubio y Tisza.
En la literatura húngara, los representantes del romanticismo nacional
evocaron el pasado heroico del país,
profesando el ideal de la libertad y
ampliando los horizontes nacionales
hasta las perspectivas europeas. Las
figuras más destacadas de esta época
fueron el poeta y político Ferenc
Kölcsey, autor del himno nacional,
József Katona, creador del drama
nacional, Mihály Vörösmarty, poeta
que hablaba en el lenguaje de la
poesía mítica del gran romanticismo
europeo, Miklós Jósika, autor de
novelas históricas populares y József
Eötvös, propagador de los ideales del
liberalismo.
La aspiración a reformas sociales
y políticas despertó el interés por la
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