Página al viento 18.pdf


Vista previa del archivo PDF p-gina-al-viento-18.pdf


Página 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12

Vista previa de texto


un mal físico sino por haber traspasado las fronteras del sentido de realidad
de sus contemporáneos y haber entregado las riendas de su pensar a la lógica y los valores de los libros de caballería. Aunque dominados por ciertas
obsesiones como las luchas entre caballeros o con seres sobrenaturales y los
amores avasallados por las damas, en
los libros de caballerías lo primordial
desde el punto de vista de la ficción es
que en su fabulación todo es posible.
Ocurren en un mundo de irrealidad
que puede expandirse y complicarse
ilimitadamente. Los únicos anclajes
de esta invención son los valores que
de tan exigentes resultan, sin embargo,
igualmente utópicos. Los grandes caballeros profesan la máxima virtud: el
completo interés, la generosidad sin límites, la piedra extrema, etc. En la actualidad es común la fascinación que
ejerce ese camino de locura a que invita el personaje, pero se reconoce menos la diestra mano del narrador que
haciéndose instrumento de la lógica
materialista y pragmática del mundo,
ingeniosamente urde la máquina que
lo liquida y con él sus queridas novelas
de caballerías (…).
Rica como es la novela, hay en ella muchos villanos, hombres y mujeres ruines a quienes el autor les da la oportunidad de expresarse aunque muchas
veces solo con gestos o con acciones.
Son los arrieros que apalean a don
Quijote y Sancho, los cabreros que le
hacen volar a pedradas las muelas al
primero o los maleantes que mantean
al segundo. Estos personajes aún desde las sombras del relativo anonimato
en que intervienen consiguen arrojar
una luz brutal sobre las variedades de
la fauna humana y sobre el cuadro de
la España de la época. Son personajes
grotescos, caricaturizados (villanos en
el sesgado sentido de despreciables,

Después de cuatro siglos, el
estilo de novelar de Cervantes
que en su momento pudo
hallarse aliado con cambios
interesantes en su sociedad, ha
llegado a institucionalizarse.
Cervantes echó las bases en
la literatura del racionalismo
europeo occidental que en
ese tiempo se levantaba
contra el pasado medieval y
caballeresco.”

rústicos y aldeanos) pero que desde
la cortedad de sus mentes y la sequedad de su espíritu contestan el poder
y sus rituales. El papel más indigno
que cumplen es el de verdugos de los
idealismos de don Quijote, pues castigándolo con piedras, palos y burlas
se convierten en agentes del materialismo y el pragmatismo. Pero puede
hacerse ver que este castigo que cae
sobre la locura literaria del personaje
está cayendo (con la autorización que
le granjeaban a Cervantes la verosimilitud y el realismo) sobre todos los
que entonces amaban las novelas de
caballerías, sobre el vulgo llano tanto
como sobre élites educadas y las cortesanas. La afectación por las letras que
padece don Quijote era en realidad un
mal que se hacía más fuerte según se
ascendía en la escala social (…).
De este modo, los villanos son incorporados a la novela permitiendo que
aporten un punto de vista imprescindible para la recreación del paisaje social,
pero imponiéndoles al mismo tiempo
ciertos límites que a la postre los redu-

cen al silencio. Uno podría preguntarse
cuán descabellada podría haber sido la
historia de Ginés si el autor le hubiera
permitido contarla y aún entregarle las
riendas de la narración. Con esto, la
obra de Cervantes pone en evidencia
uno de sus mecanismos más importantes: el de totalización, en el sentido de
un doble movimiento de ampliación de
sus límites (hacia elementos heterogéneos y fronterizos) y de integración con
respecto al propio punto de vista expositivo y argumentativo. Es un mecanismo que da vida al modelo de la novela
total, homólogo a lo que en el plano
político son las pretensiones del Estado
moderno de integrar bajo su hegemonía la totalidad social, y de las del imperio de hacer lo mismo a escala global.
La voz narrativa demuestra su poder (y
su utilidad política al Estado y al imperialismo) en su capacidad de dar vida y
al mismo tiempo someter a los personajes y a los modos de ser y de pensar
del espectro completo de posiciones divergentes y en ocasiones irreductibles
de la sociedad. El modelo de novela de
Cervantes crea así el espacio de una
democracia controlada en la que pueden manifestarse esas posiciones, pero
subordinadas a una voluntad superior
que ejerce medidas disciplinarias cada
vez que se traspasa la legalidad de lo
que se considera racional y conveniente. Si bien puede reconocerse que la
escritura literaria pueda cumplir estas
funciones, también es posible pensar
que un salto por encima de ese modelo
narrativo o simplemente su desplazamiento hacia un lugar menos pretencioso, podría conducir a la liberación
de voces, subjetividades y razones de
otro modo interesantes. Del mismo
modo como también podría pensarse
que puede devolverse a su cabalgadura
sino a don Quijote a la locura de sus
apasionadas fantasías.

* (Fragmento) Ponencia presentada en la celebración del Día de la Lengua de 2006.
** Escritor e investigador hondureño. Es doctor en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Complutense de Madrid y profesor de literatura en la UNAH.
1 Cervantes Saavedra, Miguel de. El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Real Academia Española de la Lengua. Asociación de Academias
de la Lengua Española, 2004.

3