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EXPULSIÓN DE LOS “OCUPAS” DE LAS CASAS NUEVAS POR
DEMOLICIÓN DE LOS EDIFICIOS. 1997.
X ANIVERSARIO DE LA DECLARRACIÓN DE P.N. CABO DE GATA-NÍJAR

En Rodalquilar, puede verse palpablemente que la titularidad pública no solo no garantiza
el mantenimiento del patrimonio, sino que puede convertirse eventualmente en un riesgo
añadido. Basta observar el estado en que se encuentran las Casas Nuevas (el más frecuentemente denominado Poblado Minero), cuyo estado de ruina, más que al paso del tiempo,
puede achacarse a la acción de una administración pública que actúa como propietaria, y
que procede a la demolición de algunas viviendas para expulsar a los “ocupas”.
Así que debemos evitar, a mi juicio, establecer una correlación entre titularidad pública y
tutela efectiva de los bienes a su cargo.
Pero persiste el problema de la responsabilidad, que sí recae sobre el titular de los bienes.
Si ocurriera algún accidente trágico en la planta Denver (cosa tan poco deseable como
crecientemente probable), asistiríamos, sin duda, al tradicional espectáculo de esquivar la
responsabilidad. La Junta de Andalucía abandonaría su proverbial letargo y se apresuraría
a proclamar la condición privada de esas instalaciones metalúrgicas. La propiedad, por
otra parte, argumentaría su nulo interés por esa parte de la finca, y recordaría los numerosos intentos que han acometido para transferir la titularidad a la Administración Andaluza
(previo pago de un precio en cuya valoración incluyen el propio valor cultural, como si el
aprecio social por un bien aumentara su valor de mercado, o como si fuera el titular del
bien el que ha generado ese valor cultural).

“Cultura” de gestión y
nuevos imaginarios

Desde hace un tiempo sospecho que hay una incomodidad latente por parte de la Administración Ambiental (la Consejería correspondiente de la Junta de Andalucía) en lo que se
refiere a la incorporación del hecho minero al conjunto de elementos valiosos -y, en consecuencia, patrimonializables- del Parque Natural. Esta incomodidad estaría compuesta por
una mezcla de desconocimiento, incomprensión y una cierta repugnancia: la “violencia”
minero-industrial encaja mal con el mito del Parque Natural como trasunto del paraíso
terrenal. Y es ahí donde se sitúa el núcleo de una gestión ambiental siempre crítica: el Parque se gestiona según la visión experta de los técnicos de lo que debería ser, por ser Parque
Natural, y no en función de lo que es, un territorio cuyas singularidades, entre las que se
encuentran las huellas mineras, motivaron su declaración.
En Rodalquilar se ha invertido una gran cantidad de dinero en urbanización de la finca
pública y en recuperación de edificios y espacios para distintas finalidades (la Oficina del