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La recepción social del concepto
“patrimonio”
Como tantos otros conceptos que articulan las preocupaciones de clases sociales o colectivos emergentes, el de patrimonio ha experimentado un proceso de expansión en las
últimas décadas. Se empezó a desdoblar en patrimonio natural y cultural; más tarde en
material e inmaterial. El concepto de patrimonio histórico empezó a convivir con el de patrimonio cultural. El resultado de esta expansión conceptual fué la sofisticación del término “patrimonio”, con una creciente complejidad semántica, en el contexto de una sociedad
más diversa y compleja. Uno de los efectos de esta expansión del concepto “patrimonio” es
que amplias capas de la población tienen dificultades para identificarse con los nuevos objetos y elementos que distintos especialistas consideran dignos de integrar el patrimonio.
De esta manera, el empleo del término pasa de ser pacífico (los elementos que se consideran patrimonio son reconocidos por la sociedad) a ser conflictivo (se emplea el término
patrimonio para llamar la atención sobre la necesidad de apreciar determinadas cosas,
sin que exista un apoyo social claro, o, en los casos más extremos, a pesar de la oposición
social). Son los nuevos “patrimonios”.
Desde entonces, una situación caracterizada por la especialización de los “activistas” del
patrimonio en la interlocución con los poderes públicos, espoleados por el marco europeo,
y ante la indiferencia social, me hizo plantear una reflexión crítica sobre el estado de la
cuestión, y decidí repensar los tres puntos que he denominado “fundacionales” en cuanto
al patrimonio cultural:
MAQUETA 3D DE LA PLANTA DENVER.
TRABAJO FIN DE MASTER. Marta Salas
Respecto al primer punto, la mirada alternativa propugna que es la sociedad en su conjunto
la que tiene que apreciar el valor de las cosas, puesto que, sea cual sea el patrimonio que
se promueve, es un patrimonio de toda la sociedad. Los especialistas y científicos deben
contribuir con su producción intelectual al reconocimiento de ese valor. El activismo patrimonial debe velar por el reconocimiento jurídico y administrativo de esos bienes, pero
también debería emplearse en la ampliación de la base social de apoyo a esas políticas.
Respecto al segundo punto, hay que complementar la inercia objetual del patrimonio con la
incorporación de los relatos que facilitan la captación del sentido, del contexto y del significado de esos bienes. Lo que acerca a la sociedad al aprecio por estos bienes es compartir su
significado.
Respecto al tercer punto, las labores tradicionales de los poderes públicos deben incorporar también la dinamización, la interpretación, la entrega efectiva a la sociedad del significado de cada uno de los bienes o de su interrelación en sistemas de significado.
