la parroquia de soncillo.pdf


Vista previa del archivo PDF la-parroquia-de-soncillo.pdf


Página 1...117 118 119120121215

Vista previa de texto


Transcurrieron muchos años hasta que fue normalizándose. Dependía de
sus posibilidades económicas o de algunas ayudas oficiales.
Hoy han quedado todas muy dignas con la única diferencia que aquellos
retablos destruidos de una factura de renacimiento o de arte barroco se han
sustituido por unos retablos de imitación a los de antes y de madera de
pino. A pesar de estas limitaciones presentan un aspecto muy digno para su
contemplación, y con su escaso valor siguen resultando acogedoras.
Peor suerte corrieron las Iglesias de Las torres de Arriba y de Perros.
Estas se destruyeron y resultó imposible su recuperación.
Sin embargo la reparación moral de la convivencia malherida y
deteriorada empezaba a dar sus frutos. Creo que lo tenían muy claro. Era
necesaria la reconciliación. Aunque vivían una nueva situación de
vencedores y vencidos se imponían los razonamientos y deseos de paz. Y
aprendieron a valorarla, incluso, a costa de sus muchas renuncias y
sacrificios voluntarios. Y el tú más y, la revancha, generalmente no se
dieron...
Considero que no quedó al libre albedrío. Efectivamente la justicia debía
restituir algunos desvaríos. Me decía el sacerdote de uno de estos pueblos:
que necesitó del condimento del perdón cristiano. Y empezó por el mismo.
Lo que tantas veces había predicado con la palabra, ahora lo tenía que
predicar con el gesto de su vida. Este sacerdote en los primeros meses de
la contienda estuvo aparentemente desaparecido. Su vida corría peligro. No
tenía otra defensa, que la de un escondite en un pajar de un vecino del
pueblo en el que habían habilitado un pequeño espacio, totalmente
disimulado e imperceptible por la hierba para cualquier persona ajena. Allí
se encontraba a buen recaudo, desde el anochecer hasta bien entrada la
mañana del día siguiente. El secreto solo lo conocía este señor que aun vive
y su madre fallecida.
Por el contrario en otro pueblo se cebó la desgracia hasta límites
extremos. Murieron nueve personas y el párroco del pueblo, en otro lugar,
al que había marchado unos meses antes. Ambos casos fueron de signo
contrario.
No obstante y a pesar de este caso, en casi todos los pueblos se
restableció la paz, la convivencia y el perdón. El tiempo fue cicatrizando
heridas, enterrando odios y perdonando. Lo cierto es que aquella
agresividad que encerraban las palabras de izquierdas y derechas fueron
dando pasó al respeto.
Sí, la Iglesia contribuyó activamente a que la reconciliación entre los
vecinos de los pueblos fuese realidad. ¡Y vaya si lo consiguió!

La ermita de Las Cabañas lugar de oración y escuela
Por lo revelador de su gesto humano y cristiano ante la intransigencia
más atroz del sectarismo ateo dejo constancia de lo acaecido en Las
119