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En este nuevo amanecer figura la ayuda material que debe ofrecer a la
Iglesia, en compensación de los servicios que ofrece, evitando que lo
paguen los feligreses. Buenos estaban los bolsillos de la gente. Ya hay
bastante con su maltrecha subsistencia. Al por mayor escasez de todo. Y
para rematar la penuria comienza la segunda guerra mundial. Que se
prolonga durante y después... Su abstencionismo se le hace pagar.
A pesar de tanta contrariedad se estableció una pequeña dotación para el
culto. No sé exactamente cuando empezaron las ayudas y de qué cantidad
disponía. Lo cierto es que después de unos años se estableció una cuantía
de 200 Ptas. cada parroquia. Se fue actualizando hasta llegar a 990 ptas.
Finaliza esta ayuda el año 1975.
Al clero se le asigna una nómina. Quien escribe a finales del año 1967,
recibía como párroco y sirviente de otras parroquias, alrededor de 3500
Ptas. al mes.
Como dato curioso recuerdo que una máquina de escribir, marca Olivetti
22, comprada a plazos costaba 4.000 ptas.
Reconstrucción material y reconciliación moral
Llegó el día esperado y querido. El día “de después”. Con la mirada
retrospectiva: mucha destrucción y mucho sufrimiento, pero no menos de
esperanza en la restauración. Año y medio aproximadamente soportando
toda clase de males. Esta zona, como se ha dicho, fue el escenario durante
este tiempo, donde estuvo ubicado el campo de batalla. Ya le ha llegado su
liberación. Los combates de la guerra han cesado y todo empieza de nuevo
con la paz.
Las consecuencias de la contienda ahí estaban. Quedaban tan punzantes
como un alambre de espino que ocupaba casi todos los lugares habitables,
donde con ella se podía topar: casas destruidas, escuelas, Iglesias, campos
perdidos...
Efectivamente en otros lugares continuaba con la misma crudeza hasta el
día l de abril del año 1939 que finaliza esta desgracia nacional.
Todo lo que el odio y las bombas habían destruido exigía una
reconstrucción sin demora. Por supuesto no iba a llegar tan pronto, ya que
los jóvenes que podían hacerlo, se encontraban movilizados y, fuera del
pueblo, en los distintos lugares del combate.
En capítulos anteriores hemos visto los destrozos causados en la Iglesias.
Muchos y muy graves. Tantos interiores: retablos e imágenes como
exteriores de cubiertas de tejado y muros de cimentación. En consecuencia
estas iglesias atacadas se encontraban materialmente inservibles. De
inmediato fue necesario su limpieza y todo aquello más sencillo para poder
rehabilitarlas. Todo lo demás quedó pospuesto a plazos siguientes.

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