la parroquia de soncillo.pdf

Vista previa de texto
La reparación pudo realizarse gracias a la subvención que se le concede
a la parroquia en virtud del decreto de "regiones devastadas de la guerra".
(Otras iglesias todavía se están lamentando de su olvido). Fue una obra que
corrió a cargo del gran maestro de la piedra, D. Ramón Zamanillo Gómez,
natural, vecino y feligrés de la parroquia.
Estos testimonios los he recogido de aquellas personas, naturales y
vecinos de los pueblos que presenciaron estos hechos.
¡Qué pena! Vuelvo a reiterar mi deseo confiado en Dios, hecho oración,
para que jamás, así lo quiera Dios, no vuelva a suceder desgracia
semejante. Apostamos y rezamos por la convivencia en paz, por el respeto a
las personas, a las cosas y a todo lo que genera la mejor convivencia y
hermandad.
Final de la guerra y reconocimiento de la Iglesia
Finalizada la guerra, la Iglesia es oficialmente reconocida, protegida y
amparada por Franco. Acaba uno de los trozos del tiempo, más negros de
nuestra historia, Desde el comienzo de aquel robo de la desamortización
hasta esta fecha no le ha sido nada fácil su ejercicio pastoral y su vida. De
una forma o de otra se ha visto envuelta en contra de su voluntad, en
dificultades y luchas generadas en la sociedad. Comienza un nuevo
amanecer.
Ahora goza de plena libertad, que da gracias a Dios por este don y,
naturalmente, desde su forma de ser y de actuar por el camino del bien y la
verdad marcados por el Señor en su palabra y su evangelio no se quedará
corta en sus constantes actuaciones. El campo que tiene ante sus ojos es
inmenso. Se requiere tiempo y actuará sin demora. Urgen de inmediato
todas las propuestas relacionadas con el perdón y la reconciliación. La
comprensión, el perdón y el diálogo entre todos es uno de los caminos que
deben recorrer. De estas virtudes nuestra sociedad está yerma. Los caminos
están bastante borrados. Incluso sus brotes son de signo contrario. Dejada
la noche de la tragedia se inicia un nuevo amanecer. Donde hay guerra que
haya paz, donde hay odio que haya amor y el respeto mutuo por
antonomasia. Así ha actuado siempre imitando la vida de Nuestro Señor
Jesucristo. Desde su libertad, tantas veces negada para ella y, que ahora
goza, sabe ofrecerla a los demás, al mismo tiempo que la explica
debidamente para que no sea un mero libertinaje. La libertad nos dignifica,
nos engrandece y nos hace verdaderamente personas humanas. La libertad
para el bien. Todo el mundo goza de ella. Todos deben saber usarla. Qué
bien lo expresa el famoso dicho de que mi libertad termina cuando empieza
la del otro.
A pesar de la escasez y penuria de medios económicos por los que
pasaron nuestros pueblos ya gozaba de lo más grande que era: la paz. Si
bien es cierto conseguida a buen precio.
117
