la parroquia de soncillo.pdf

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de harina de centeno con la pasta de la patata cocida, era lo que suplía el
pan.
Estaban bastante cansados de comer ese pan tan raro. No aguantaron más
y decidieron probar suerte: puestos en camino con el transporte
rudimentario, el que había, de dos burros y dos costales vacíos... Eso sí, con
la encomienda a Dios y al Arcángel S. Rafael, rumbo y camino a donde
hoy se encuentra el petróleo, al pueblo de Sargentes de la Lora.
Previamente habían tomado otras medidas a su alcance, bien estudiadas
y cronometradas al paso de los pueblos, ya que el riesgo de ser descubiertos
era grande.
Llegaron bien, cargaron la mercancía, pagaron religiosamente y vuelta al
pueblo. En este trayecto pudo ocurrir de todo, pero Dios quiso, junto con su
audacia que no ocurriera nada. Y con aquellos kilos de trigo, para varios
días de pan bueno.
Algunas personas llegaron a plantearse en conciencia si sus ventas,
demasiado pequeñas, relacionadas siempre con unos pocos kilos de patatas
y, sin ánimo de un lucro desmedido, caían en este concepto ilegal de
estraperlo. Materialmente podía serlo. ¿Lo era en conciencia? Posiblemente
no, también ellos necesitaban sobrevivir. Debían comprar medicinas,
aceite, vestidos...
Toda esta información la he recogido, hace unos años, de un sacristán
que tuve en una de mis parroquias anteriores: de Santa Gadea de Alfoz.
La ley de la memoria histórica
Verdaderamente la guerra civil fue una tragedia. Hemos visto cómo las
consecuencias fueron más o menos inmediatas y, algunas otras, si bien es
cierto, de una manera indirecta, están renaciendo en nuestros días. Hoy,
después de 70 años está surgiendo el recuerdo de la contienda. Y todo a
cuenta de la famosa ley de "la memoria histórica". Todos deseamos que
este recuerdo de la guerra sea justo y objetivo. Dado que esta zona fue uno
de los lugares del conflicto, en el que murieron muchas personas y se
cometieron muchas atrocidades debe ser estudiado y presentado con
ecuanimidad. Este es nuestro mayor deseo. ¿Será tan difícil este equilibrio?
No debiera serlo, pues dada su proximidad tan cercana en el tiempo se
puede palpar la realidad con la verdad. Este recuerdo debe gozar de otro
requisito imprescindible. Debe de estar amasado en la comprensión y el
perdón. En las dos partes se lloró mucho, muchísimo.
De suyo es muy lamentable y desagradable este recuerdo. Es muy
comprensible pero puede resultar también necesario, para evitar males
mayores. Nos lo advierte la filosofía popular, siempre llena de sabiduría, lo
que hace que venzamos esta reticencia, con el bien conocido dicho: "todo
país que olvida su historia está llamado a repetirla".
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