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Algunos historiadores, como Pío Moa y Cesar Vidal, desconfían de ella
por su carácter sectario. Solo afecta a la familia política de aquellos que
perdieron la guerra. A pesar de esta consideración se nota un profundo
descontento (rencor) entre ellos. Este grupo es el que recibe una
subvención considerable para toda clase de actividades relacionadas con
sus propios intereses. Desde seguir buscando sus desaparecidos. Algo muy
justo y legítimo. Hasta la ayuda para la formación de “grupos protesta”
que se hagan oír. No tan legítimo sino se mide de la misma manera a la otra
parte.
Últimamente han destinado un montón de ayudas y subvenciones a
organismos y grupos civiles que eligen para la realización de estudios,
proyectos, análisis de personas y acontecimientos concretos que ellos
determinan. El día 20 de febrero de este año 2010 en un programa de la
mañana de la emisora “Es radio” dirigido por D. Luis del Pino recoge un
montón de fundaciones, asociaciones... con este encargo de realizar todos
los trabajos que sean necesarios relacionados con la segunda República y la
guerra civil. El presupuesto que se destina para la realización de estas
investigaciones asciende a más de cuatro millones y medio de euros y
cumplido un año de la fecha citada se van descubriendo cantidades más
importantes pues la subvención concedida para esta ayuda desde el año
2006 hasta el 2010 asciende a 20 millones de euros (Programa de
Intereconomía del 9-8 2011).
Queda claro que hubo tragedias y desaparecidos en uno y otro bando.
Solo les interesa el suyo. A los otros se abandona.
Este proceder está dando lugar a enfrentamientos verbales que renacen,
No es lo mejor. La pacífica situación que se venía disfrutando durante
muchos años, incluso, con ciertos signos de reconciliación, se quiebra y se
abona una situación de desconfianza y de recelo.
La Iglesia española según el portavoz de la Conferencia Episcopal,
monseñor Juan José Asenjo no ha querido abrir viejas heridas en torno a la
guerra pero no pudo por menos de dejar bien claro su posicionamiento.
Estas fueron sus palabras: “hubiera sido un error pastoral que la Iglesia
pidiera perdón por su intervención en esta guerra, la más destructiva de
nuestra historia, donde actuó como sujeto pasivo, es decir, como víctima.
No hubiéramos contribuido a la comunión eclesial y habríamos abierto una
sima en el espíritu de concordia y de convivencia, que se ha ido
construyendo en nuestro pueblo con el esfuerzo de todos a lo largo de las
últimas décadas.”

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