REVISTA NUMERO 22 CANDÁS EN LA MEMORIA.pdf


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Las campanas de ENSIDESA

LA GENERACIÓN DE LOS “CAMPANEROS” DE
ENSIDESA: “AQUELLO ERA PARA MORIRSE”*
contó con la colaboración documental de
quienes tenían conocimiento del tema,
como Javier Gancedo, director del archivo
de Ensidesa. Hasta que Bazán no inició esa
investigación hace más seis años, la historia de
los campaneros de Avilés había quedado velada
por el tiempo, como si su asunto fuera una
cuestión tabú, una más entre las que quedaron
disueltas en la niebla del olvido. ¿Por qué?:
“Por la misma razón que cualquier elemento
de nuestra memoria histórica lo puede ser:
vergüenza, culpa, miedo, rencillas -entiende
Isaac-. Hay que pensar que la sociedad de la
posguerra en este país está sustentada por la
supervivencia y el miedo, y si a eso le añades
un choque cultural y dudas sobre la cantidad
de muertos, etc., a nadie le interesa desenterrar
ese baúl y mucho menos abrirlo. De una de
las cosas que más orgulloso estoy es de ver las
caras del público a la salida del cine, como si se
hubiera aliviado del miedo a reconocer nuestras
propia historia”.
Eran tan duras y comportaban tantos riesgos
las condiciones de trabajo en las campanas
de hormigón que pocos empleados podían
soportarlas por un cierto tiempo, aunque fuera
mayor el salario. Hasta los mineros asturianos
acostumbrados al trabajo subterráneo
descartaron ese tipo de actividad, una vez
comprobada su peligrosidad extrema, según se
nos explica con detalle en la película.

No tuvieron esa posibilidad las brigadas de
presos que sí experimentaron esas condiciones
laborales, a cambio posiblemente de una redención en sus penas. “Aquello era para morirse”,
repite varias veces Manuel Martínez Velasco
durante el reportaje. Los obreros debían internarse en aquellas campanas en las que estaban
sometidos a constantes cambios de presión y a
imprevistas incidencias, como consecuencia de
la mala calidad de los materiales y la carencia de
protocolos de seguridad. Esas campanas, colocadas sobre los llamados cajones indios, eran unos
sistemas de cimentación que databan de mediados del siglo XIX y se empleaban en los terrenos
pantanosos e inundables. A través de su estructura se inyectaba aire a presión para eliminar el
agua, de modo que los operarios pudiesen cavar
la tierra en seco desde el interior hasta lograr la
profundidad necesaria antes de llenarlas de hormigón. Para hacernos una idea, imaginemos un
vaso invertido hundido en agua al que hay que
inyectarle presión para desalojarla.
“Ensidesa era la punta de lanza de la industrialización en este país. Los accidentes en las
campanas eran conocidos cuando se producía
la fractura de un cajón neumático y los obreros
morían en el interior -comenta el realizador-.
Esos accidentes, cuando ocurrían en la campana,
eran de los más sonados por la impresión que
causaban, pero aparte de las muertes oficiales
existen muchos más casos en los que los obreros
fallecían en sus casas por causa derivadas de ese
trabajo: fallos de descompresión, derrames, embolias... Esos trabajadores morían en sus camas
y no eran contabilizados como fallecidos en el
tajo”. En el reportaje se citan los datos que da el
periodista Venancio Ovies (no más diez muertes,
oficialmente), pero varios de los campaneros entrevistados hablan de muchos más, ya fuera por
accidente o por enfermedad laboral. El diario La
Voz de Avilés informó el 4 de diciembre de 1954
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