REVISTA NUMERO 22 CANDÃS EN LA MEMORIA.pdf

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A la memoria de un
hombre ...
“ Xuaco el del Brisas “
Las bases fueron consolidándose, los días pasaban
tan rápido que en un soplo se avecinó el fin de una
década. Pese a ello, mi profunda admiración por
aquella atalaya en la que tres pequeños pinos crecían,
hacía de mis ratos de ocio un tiempo sosegado y
tranquilo .
Dos años faltaban para que esa década prodigiosa
de los 70, tocara a su fin. La Ciudad de Vacaciones
de Perlora, seguía como bastión y buque insignia
para las vacaciones de miles de familias que llegaban
de todos los rincones, Uninsa, Hunosa y Ensidesa
eran las mayores fuentes de abastecimiento de esas
familias, El Carreño acercaba gentes de Gijón y
Aviles, todo un mito vacacional con el balcón abierto
al mar.
Me seguía gustando la atalaya con sus tres pinos
y muchos fueron los ratos sumido en los avatares
marinos, veía salir del puerto de Candás, pequeñas
lanchas, con el tiempo fui tomando nota, irían al
chipirón quizás, una de aquellas lanchas siempre
se aproximaba a los acantilados, me sorprendía
la proximidad y algo me llamaba la atención. En
aquella lancha siempre había dos pescadores, por su
aspecto adivine que podrían ser padre e hijo, uno de
ellos miraba hacia el fondo del mar con algo que yo
no sabía lo que era, el otro a los remos y atento con
una larga vara que quizás en su extremo tendría un
punzón .
Serían o no cosas del destino, el final de la década
allá por el 78 quiso la casualidad que definitivamente
estableciera mi hogar en la misma calle donde se
encontraba la Fábrica de Albo y un pequeño “ chigre
“, Bar Brisas Candasinas regentado por “ Xuaco... o
Xuacu “ quien resultó ser aquel pescador que con
su hijo yo veía desde la atalaya de los tres pinos en
Perlora.
- Neno, que te pongo
- Póngame un quinto de cerveza
Mientras “ Xuaco “ se agachaba a por la cerveza,
yo mirada hacia arriba.... me sorprendía ver un
pequeño retrato de José Antonio, ya cuando Xuaco
se acercaba yo, miraba hacia la bandeja de nécoras
tratando de disimular - ¿ Sabes quien es verdad ?
- Si, pero es que me extraña mucho ver esa foto en
un bar
- Pues que no te extrañe... si no te gusta no mires
No si yo prefiero mirar las nécoras
- Andariques... neno ... se llaman andariques o
Piañes
A partir de ese día, fueron muchos días los que al
regresar del trabajo yo miraba si Xuaco, tenía la
bandeja de andariques encima del mostrador del bar
- Hoy no salimos a la mar, no mires que no hay
Siempre me llamó la atención el semblante de Xuaco,
sin conocerle imponía cierto respeto, el pasar de
los días hizo que sin darme cuenta comenzara a
cogerle un aprecio máxime cuando veía en El mucha
soltura, confianza y a pesar del semblante, una
nobleza muy similar a la que tenía mi padre el cual
algún tiempo más tarde también llegó a pasar algún
rato charlando, ambos apoyados en la barra del bar,
con la atenta mirada de un perro que si se ponía de
manos tras el mostrador imponía un poco.
- Póngame un quinto
- ¿ Ya marchó tu padre ?
- Si, solo vino a ver donde me decidí a vivir
- Buen paisano es tu padre
- Deme dos “ andariques “ que me la voy a merendar
en casa
Si mi padre fue un buen paisano, Xuaco no era
menos yo le pedía dos andariques y me envolvía
tres en un papel cobrándome tan poco que me daba
apuro
Bar Brisas Candasinas, Xuaco y su familia formaron
y forman parte de un lugar en el que hoy sigo pero
sin mirar al mostrador del bar. Será un recuerdo, las
tertulias, La foto de Jose Antonio y “ les andariques
“. Tras unos 55 años, el Brisas Candasinas echó el
cerrojo, deja muchos recuerdos y personalmente a
mi me deja un tiempo que añoro.
- Neno..... ¿ Un quinto ?
- Si .. y ..........
- Si ya se, y dos andariques......................
Por César Quintanilla Pascual
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