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Construcción y Desarrollo de la Propuesta de Intervención Educativa

acontecimientos”. De ahí, pues, que la intervención profesional, siguiendo a Margarita
Rozas (1998, 2001) y a Nora Aquin (1996), puede definirse como >>el conjunto de
acciones, sustentadas teórica y prácticamente, que se estructuran de forma sistemática
en relación con las necesidades, demandas y/o condiciones de los agentes, instancias y
fenómenos sociales con los cuales se realiza la mediación institucional y/o científicodisciplinaria, en el propósito expreso de promover una transformación significativa de
sus circunstancias histórico-culturales<<. En efecto, las acciones instrumentales de la
intervención profesional están determinadas por el corpus teórico-disciplinario desde el
cual se actúa: filosofía, psicología, pedagogía, sociología y trabajo social, entre otras, lo
que posibilita dotar de sentido a la propia tarea interventiva, al mismo tiempo que
orienta sus objetivos sociales, pues como bien plantea Margarita Rozas:
“La comprensión del sobre qué, el para qué y el cómo y con quién de la
intervención profesional, sólo pueden ser analizados en la medida de que
están sustentados teórica y prácticamente. Teóricamente, porque partimos
del supuesto que toda intervención se fundamenta en un conjunto de
conceptos que guían el accionar profesional. Prácticamente, porque el
trabajador social no sólo piensa, sino que actúa; por ello, pensar y actuar
son dos aspectos fundamentales de toda intervención llamada
profesional.” (1998: 60)
La secuencia lógico-procedimental de la intervención profesional, que prevalece
hasta nuestros días sin grandes transformaciones significativas, en cuanto núcleo
metodológico fundamental de esta práctica disciplinaria, la establece Mary Richmond,
hacia la década de los años 30’s, del siglo XX, y consiste en las siguientes acciones
nodales: diagnóstico, tratamiento y solución. De acuerdo con Richmond (2005), el
diagnóstico se construye a partir de la recuperación de cuatro clases de evidencias
básicas, tales son: Evidencia Real del fenómeno en estudio, Evidencia Testimonial de los
diversos agentes involucrados, Evidencia Circunstancial de sucesos atípicos pero
interrelacionados de forma directa con el objeto de diagnóstico y Evidencia Social
relacionada con acontecimientos personales, familiares y/o comunitarios; en función de
la cuales se planea, actúa e intenta transformar el hecho sobre el que se ejerce la
mediación institucional y/o científico-disciplinaria. Y de esta secuencia lógicoprocedimental establecida por Richmond, ¡hace casi un siglo!, es que derivan los dos
principales factores de confusión metodológico-conceptual sobre la intervención
educativa, esto es: su comprensión en cuanto proyecto de investigación aplicado al
campo de la educación y su reducción instrumental a simple dispositivo práctico de
acción socio-educativa, es decir, simplifican el proceso de intervención profesional a los
dispositivos procedimentales de indagación en la construcción del diagnóstico, o al
carácter pragmático de la mediación social. Sin embargo, sea entendida como proceso
investigativo o en tanto dispositivo práctico disciplinario de transformación social, lo
cierto es que la intervención profesional siempre comporta la generación, aplicación y/o
ponderación de un sistema articulado de conocimientos formales, que trascienden el

FG Marín

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