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Construcción y Desarrollo de la Propuesta de Intervención Educativa

1. Reconocimiento de los resultados esperados, es decir, descripción sistemática
de la situación que se pretende alcanzar con el logro de la intervención
2. Establecimiento de los indicadores de valor, esto es, instauración de una
forma de ponderar cada indicador de evaluación, con respecto a la relevancia
o grado de incidencia en el resultado
3. Identificación de los rangos de alerta, en otras palabras, constitución de
pautas de monitoreo del logro de las metas propuestas, en relación con los
valores que se asignen a los indicadores de evaluación. Estos rangos
comprenden los indicadores de incumplimiento total, los indicadores de satisfacción
aceptable y los indicadores de cumplimiento satisfactorio
4. Definición de los niveles de agregación, en otros términos, desglose de las
metas por cobertura y/o categorías de intervención
5. Determinación de las frecuencias de valoración, expuesto de otra manera,
previsión sistemática de los periodos estratégicos de recuperación de los datos
de evaluación, con respecto a los indicadores planteados y, en consecuencia,
ponderación crítica de los resultados obtenidos
6. Reconocimiento de las fuentes de información
Evaluación de Impacto. En función de los planteamientos de Ernesto Cohen y
Rolando Franco (1992), bien es posible afirmar que este modelo evaluativo tiene
como propósito fundamental el reconocimiento del grado de mejoramiento socioeducativo que propicia en individuos, colectivos y/o comunidades, el diseño y
ulterior aplicación de un proyecto concreto de intervención, así como la magnitud
de los cambios generados y el nivel de afectación en los diferentes sectores de la
población; en congruencia con esta perspectiva, Paul Gertler, et. al., sintetiza
señalando que las evaluaciones de impacto estiman generalmente los impactos
promedio de un programa sobre los beneficiarios (2011: 4). Ahora bien, contra lo que
pudiera pensarse, este recurso de evaluación no se reduce a valorar los logros
generados al término de la instrumentación de un proyecto de intervención, sino
que es factible aplicarlo de manera prospectiva (evaluación ex–ante), continua
(evaluación ex–dure) y/o retrospectiva (evaluación ex–post), ya sea a través de la
proyección de los impactos probables, la identificación de los impactos particulares
que generan las diversas estrategias aplicadas, o ya mediante el examen de los
impactos finales resultantes de la culminación del proceso de intervención, pues,
como bien señalan Cohen y Franco: la evaluación de impactos puede ser llevada a cabo
durante o después de finalizado el proyecto (1992: 112). Una prevención fundamental
en esta práctica evaluativa, es el ejercicio necesario de distinción entre los
impactos derivados de manera directa de la gestión del proyecto y aquellos que
devienen de fenómenos asociados, o coincidentes, pero independientes al mismo.
En términos generales, siguiendo a Paul Gertler, et. al. (2011), el proceso de
evaluación de impacto considera las siguientes fases:

FG Marín

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