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Construcción y Desarrollo de la Propuesta de Intervención Educativa

Los formatos, requisitos, condiciones y criterios formales del proceso de
planeación de la intervención educativa, pueden variar en cada una de las instituciones
y/o comunidades socio-educativas, pero, sin embargo, los elementos anteriores son los
componentes básicos de cualquier forma de planeamiento en este campo, es decir,
constituyen la masa crítica que puede ser adaptada a cualquier modelo institucional del
diseño sistemático de una mediación profesional. Al respecto, también es pertinente
señalar que el nivel de consolidación de la planeación, es directamente proporcional a la
gestión eficaz de la intervención educativa. Cierto, la programación de las acciones
socio-educativas no puede representar un esquema rígido de actuación profesional, aún
cuando algunos modelos así lo pretendan, sino que debe conformar un proceso flexible
de feedback entre la proyección de las estrategias de intervención, el desarrollo de la
gestión y los procedimientos de evaluación de la mismas, esto significa que la
planeación ha de retroalimentarse y reconstituirse, de manera continua, en función de
los logros, consecuencias, resultados, impactos y problemáticas que la propia mediación
profesional va generando.
III.

Gestión del Proceso de Intervención Educativa

La gestión de las acciones programadas constituye el núcleo fundamental del
proceso de la intervención educativa y, por supuesto, no se reduce a la simple aplicación
de las actividades previstas en la fase de planeación, sino que comporta, necesariamente,
la retroalimentación y la consecuente reorientación permanente de las actuaciones
profesionales de mediación socio-educativa, a partir de los avances y problemáticas que
en el desarrollo mismo se están presentando, según hemos planteado antes; de ahí,
entonces, la exigencia ineludible de implementar un procedimiento dinámico, flexible y
estratégico de ejecución sistemática que permita la recuperación constante de los
conocimientos generados, la construcción democrática de consensos emergentes, la
coordinación efectiva de tareas, el aprovechamiento óptimo de los recursos disponibles
y la reconversión continua de los dispositivos procedimentales de intervención, con el
objeto de participar, de manera significativa, en la potenciación y/o transformación de
las prácticas socio-culturales de los actuales contextos de realidad. La gestión de proyectos
ágil no se formula sobre la necesidad de anticipación, sino sobre la de adaptación continua, según
plantea la organización Scrum Manager (2014: 14). Esta capacidad de adaptación
continua del proceso de gestión de la intervención educativa, a los cambios coyunturales
que su propio desarrollo impulsa, por un lado, y a las rápidas variaciones socio-políticas
propiciadas por la dinámica específica de las prácticas económico-culturales y
pragmático-comunicativas del mundo contemporáneo, por otro lado, en definitiva,
depende de la diversidad de competencias profesionales de que disponga el interventor
educativo.
Ahora bien, a diferencia de lo que sucede con el resto de los profesionales de la
educación, el interventor educativo no es el responsable directo de realizar cada una de
las actividades programadas, sino más bien de gestionar las condiciones de posibilidad
para que los agentes especializados en cada campo las realicen. Por ejemplo, ante la
FG Marín

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