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Construcción y Desarrollo de la Propuesta de Intervención Educativa
informe correspondiente y la derivación de las conclusiones respectivas. En cuanto
proceso inicial, los alcances del diagnóstico, en gran medida, determinan la relevancia,
logros e impactos sociales de la intervención educativa. Por otra parte, es importante
señalar que la construcción de un diagnóstico bien realizado, no sólo sirve para
fundamentar la mediación profesional de un interventor en particular, sino que bien
puede ser utilizado como sustento de diversos procesos y tipos de intervención
II.
Planeación del Proyecto de Intervención Educativa
Una vez que el diagnóstico permite conocer, con la mayor precisión posible, el
ámbito específico de la mediación profesional, a más de haber identificado con
suficiente claridad los factores, agentes y recursos que resulta necesario involucrar en su
desarrollo, el momento subsecuente le corresponde al proceso de planeación de la
intervención educativa. Si en la construcción del diagnóstico priva la racionalidad
investigativa, se actúa para conocer la realidad; por su parte, en esta fase debe
predominar la lógica de la proyección organizada, coordinada y estructurada de pautas
de acción intencional sobre las condiciones, agentes e interacciones socio-educativas que
prevalecen en el contexto real, es decir, se procede a determinar los cursos necesarios de
actuación interventora, con el objeto de alcanzar metas específicas, a través de la
previsión de aplicar sistemáticamente: técnicas de mediación profesional, dispositivos
procedimentales, prácticas de formación societal, recursos instrumentales y dinámicas
individuales y/o colectivas, definidas por la propia experiencia de la intervención
educativa. Así, pues, en función de las circunstancias particulares que definen el estado
de una situación concreta, dentro de ciertas márgenes espacio-temporales específicas, la
planeación articula siempre tres principales factores, a saber: los conocimientos
científico-disciplinarios del interventor, los saberes de aproximación a lo real
proporcionados por el diagnóstico y la previsión de los futuros posibles, propiciados
por la acción interventora. El pronóstico del futuro que organiza el proceso de
planeación, en sentido estricto, es una inferencia pragmático-formal que pretende
anticipar los resultados, consecuencias, impactos y/o productos socio-educativos de la
ulterior aplicación de las estrategias de mediación profesional seleccionadas; por lo
general, esta previsión del futuro y la consecuente elección de los cursos de acción
necesarios, deviene de los conocimientos profesionales y del mismo contexto de que
disponga el interventor.
La tradición histórica ha generado diferentes modelos, tipos y corrientes de
planeación socio-educativa, dependiendo de la importancia que se atribuya a su función
orgánico-institucional, a la clase de procesos previstos, a las formas de participación de
los agentes involucrados, a la orientación de las acciones propuestas, al alcance de las
metas fijadas y/o a las relaciones que debe establecer con su contexto, en este sentido,
entre los paradigmas más influyentes encontramos: el enfoque administrativo suscrito
por Henri Fayol y William H. Newman, entre otros, cuyo énfasis se sitúa en la necesidad
de proyectar soluciones alternativas a problemas determinados; la perspectiva de
sistemas establecida por Frank Banghart y George Chadwick, tan sólo por mencionar a
dos de sus representantes más destacados, quienes entienden este proceso como la
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