DR FG MARIN.pdf


Vista previa del archivo PDF dr-fg-marin.pdf


Página 1...21 22 23242555

Vista previa de texto


Construcción y Desarrollo de la Propuesta de Intervención Educativa

interdisciplinariedad indagativa, es decir, el recurso de los diversos dispositivos
procedimentales de la investigación socio-educativa (psico-pedagógica, sociológica,
económica, etnográfica, genealógica, hermenéutica, institucional, etc.); y en segundo
lugar, la condición sine qua non de recuperar el grado de dominio competitivo de los
agentes institucionales del ámbito educativo y las exigencias de participación sociocultural y político-económica que comporta el de devenir histórico de las comunidades
locales, en el espectro de la dinámica propia de la sociedad global, del estrato
contemporáneo. En virtud de lo cual, el objeto de diagnóstico no puede limitarse al
simple registro de las insuficiencias, y las causas que las propician, de la educación
escolarizada, y escolarizante, sino que ha de circunscribirse en el nivel de la formación
societal. Sí, como afirma Haruki Murakami, lo más importante que aprendemos en ella [en la
escuela] es que las cosas más importantes no se pueden aprender allí (2014: 65), entonces, la
intervención educativa debe resolverse más allá de los límites enciclopédico-ilustrados
de los centros escolares, esto es: en el ámbito de la formación social.
¿Cuáles son, pues, los objetos de diagnóstico, propios de la intervención
educativa? Por definición misma, a diferencia de las otras formas de mediación
profesional, el campo de la intervención educativa es bastante amplio y complejo, razón
por la cual resulta necesario acotar las distintas dimensiones de competencia que
requieren las prácticas socio-históricas contemporáneas, a saber: lingüísticocomunicativas, interacción socio-ambiental, construcción identitaria, participación
política, autogestión económica, alfabetización tecnológico-digital, sensibilidad
estético-artística, significación mítico-religiosa, pensamiento formal y cuidado de sí;
en este espectro histórico, la experiencia de la diversificación de la sexualidad
corresponde a los procesos de la construcción identitaria, mientras que el desarrollo de
la inteligencia emocional se resuelve en el campo del cuidado de sí. Cada una de estas
dimensiones de dominio competitivo, a su vez, comporta distintos fenómenos sociohistóricos; por ejemplo, el ámbito de las competencias lingüístico-comunicativas, en las
sociedades actuales, no se reduce a la tradicional apropiación de los conocimientos
formales de las reglas gramaticales, sintácticas y/o semánticas de la lengua propia, ni
tampoco al reconocimiento de las formas, medios y/o dispositivos de comunicación
(pues, de hecho, la gran mayoría de tales normas y procedimientos lingüísticocomunicativos, ya son usados, de manera apropiada, por los individuos y/o colectivos
antes de entrar a la escuela, o al margen de la misma), sino del desarrollo de las
competencias pragmáticas que posibiliten la interacción funcional en la sociedad del
conocimiento y el agenciamiento efectivo de los recursos, estrategias y saberes
disponibles en la aldea global. Situación que excede el marco de los Cuatro Pilares de la
Educación –los cuales después fueron aumentados a cinco pilares–, previstos por la
UNESCO, mediante el informe presentado por el equipo internacional encabezado por
Jacques Delors (1996), así como también los Siete Saberes propuestos por Morin (1999) y
las denominadas competencias transversales o genéricas. En sentido estricto, el saber ser,
saber hacer, saber aprender, saber convivir con los otros y saber transformarse uno mismo y la
sociedad, son dominios competitivos que devienen de la interacción e intersección
pragmática de estos diferentes campos de desarrollo de competencias socio-culturales;
mientras que los contenidos del pensamiento y/o de las prácticas sociales
FG Marín

23