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Construcción y Desarrollo de la Propuesta de Intervención Educativa
presente, a fin de traducirlas en contenidos de formación por parte de los diseñadores
de planes y programas de estudio; en la dimensión institucional, identifica y gestiona los
marcos de competencias que deben desarrollar los sistemas escolares, los directivos,
ATP, profesores, padres de familia y alumnos para responder de modo atingente a las
demandas del contexto socio-histórico del siglo XXI; y en el ámbito comunitario,
reconoce y dispone las condiciones de posibilidad para que los individuos y las
comunidades desarrollen competencias de autogestión socio-cultural y políticoeconómica.
Procesos de la Intervención Educativa
Ahora bien, si el propósito central es la mediación entre los agentes, las
comunidades e instituciones involucradas en el acontecer del fenómeno de la educación
del siglo XXI y las prácticas socio-culturales que definen el devenir del estrato histórico
contemporáneo, ¿cuáles son, entonces, los procesos que determinan el advenimiento de
la intervención educativa? En términos generales, todas las formas de intervención
profesional se resuelven mediante cuatro principales dispositivos procedimentales, de
cuya pertinencia, sistematicidad y dinamicidad depende su eficacia, alcance e impacto
social, a saber: en primer lugar, la investigación diagnóstica de los acontecimientos
socio-educativos susceptibles de la mediación docente, psicológica, social,
administrativa y/o educativa, entre otras más; en segundo lugar, el diseño de acciones
estratégicas de intervención que permitan una presunta transformación significativa de
los factores que los generan; en tercer lugar, la gestión sistemática del desarrollo de tales
estrategias de mediación profesional; y en cuarto lugar, la ponderación crítica de los
logros, límites y consecuencias sociales de las actuaciones concretas, implementadas por
el proceso interventor. Y en cuanto correlato del principio marxiano respecto de que lo
importante no es conocer la realidad sino transformarla, en la perspectiva de la
racionalidad formal moderna, no es suficiente con provocar cambios en el acontecer de
lo real, sino que también resulta necesario convertirla en conocimiento científicodisciplinario, saber formalizado; por eso mismo, todo hecho debe ser documentado,
teorizado, conceptuado, analizado reflexivamente y legitimado por los dispositivos
epistemológicos, a fin de que pueda ser posicionado en cuanto pauta de conocimiento
formal, como bien parece advertir ya Michel Foucault (2002). De ahí la necesidad
imperativa de llevar un registro pormenorizado de los procesos de intervención
educativa, con el propósito manifiesto de disponer de las condiciones indispensables
para elaborar un informe formal de la mediación profesional realizada, tanto para que
sirva de soporte fáctico a la construcción de nuevos conocimientos en la materia, como
para justificar la pertinencia de las estrategias diseñadas e instrumentadas por el proceso
de intervención.
Al respecto, resulta conveniente plantear una breve acotación sobre la necesidad
social de las distintas formas de intervención profesional en el campo de la educación,
esto es, en la comprensión común de las comunidades socio-educativas suele
proponerse la emergencia de una mediación docente, psicológica, social, administrativa,
médica o educativa, entre otras posibles, como una medida paliativa y/o compensatoria
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