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Construcción y Desarrollo de la Propuesta de Intervención Educativa

democrática, etc. Y, aún, en estas ocasiones no conocen otra forma de actuar que el
paradigma de la intervención docente, es decir, reproducen los mismos modelos de
instrucción escolar, con la misma clase de materiales didáctico-pedagógicos y en
ambientes profilácticos equivalentes; concentran la formación societal a la simple
transmisión de conocimientos formalizados. En esta limitada perspectiva, el antes
Instituto Federal electoral (IFE) y el hoy Instituto Nacional Electoral (INE), por ejemplo,
pretenden la promoción de la cultural cívico-democrática en México, mediante la
transmisión de los saberes formales sobre la historia, el concepto, los valores y las
distintas formaciones políticas de la democracia, entre otros temas afines, planteado en
otras palabras, se proponen fomentar de manera intelectiva una práctica social que, en
sentido estricto, debe resolverse en el ámbito del desarrollo actitudinal. La erudición
sobre los contenidos formales de la democracia no hace de un individuo, o de una
comunidad, ciudadanos democráticos. Así, entonces, a la evidencia irrefutable de los
datos testables que denuncian el grave incremento de estos lastres sociales: alcoholismo,
tabaquismo, drogadicción, embarazos tempranos, contagio del VIH, autoritarismos y
falta de compromiso social, por mencionar sólo algunos de los problemas más
importantes de las sociedades contemporáneas, es posible reconocer, sin lugar a dudas,
el estrepitoso fracaso de tales estrategias de la educación societal.
Según es posible anticipar ya en el párrafo anterior, el problema fundamental
radica en dos principales dispositivos procedimentales de la denominada educación
comunitaria, a saber: por un lado, reducen las prácticas socio-culturales a la apropiación
de los saberes formalizados, o científico-disciplinarios, según se prefiera; y por otro lado,
reproducen las mismas técnicas de enseñanza-aprendizaje escolarizadas. Empero, los
procesos de formación social exceden los contenidos formales de la educación moderna
y, por ende, también los alcances de las mediaciones docentes. Los profesores no son
formados profesionalmente para intervenir en las márgenes de los programas de
estudio y de los procedimientos escolares, como el resto de los profesionales de la
educación que no se preparan para actuar fuera de los límites disciplinarios particulares;
pero, la educación comunitaria, por su parte, requiere de una mediación
interdisciplinaria y al margen de los procedimientos escolarizados, que posibilite el
desarrollo de competencias transversales para que los individuos y las comunidades
sean capaces de cuidar de sí, gestionar sus propios dominios competitivos, apropiarse
de los elementos fundamentales de sus constructos identitarios y participar en los
procesos de potenciación y/o transformación de las prácticas socio-culturales de su
entorno de vida, desde las circunstancias histórico-políticas y económico-comunicativas
que determinan el devenir de las sociedades contemporáneas, es decir, precisan de la
intervención educativa. Más que la asimilación de contenidos formales, esto es,
información científico-disciplinaria, los diferentes sectores de la población necesitan
competencias para ser autogestivos en la resolución histórica de su propia existencia y
en la interacción con el entorno socio-ambiental.
La Intervención Educativa

FG Marín

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