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Construcción y Desarrollo de la Propuesta de Intervención Educativa

tradicional y la Educación Básica para los sectores jóvenes y adultos que se encuentran
en franco rezago educativo; de ahí, entonces, que sus procesos formativos se resuelvan a
través de la intervención docente, con profesores de Educación Primaria y/o
profesionistas de las diversas áreas, habilitados para tal efecto. Desde este punto de
vista, la alfabetización suele reducirse a la enseñanza-aprendizaje de los recursos
sintáctico-gramaticales de la lecto-escritura, mientras que la Educación Básica, por lo
general, se limita a la transmisión de los contenidos curriculares de la Educación
Primaria y de la Educación Secundaria diseñados para los niños de alrededor de entre 6
a 12 años. De hecho, en México, resulta demasiado difícil encontrar materiales didácticopedagógicos diseñados de manera expresa para la formación de adultos. Sin embargo,
en el contexto de las sociedades contemporáneas, la alfabetización ya no puede
circunscribirse a la apropiación instrumental de los recursos de la lecto-escritura, sino
que ahora debe considerar el desarrollo de competencias pragmático-hermenéuticas y
de habilidades digitales, al propio tiempo que la educación formal para adultos, más
que la transmisión de los conocimientos generales para niños, debe considerar la
generación de competencias cívico-económicas, político-culturales e individualcomunitarias que les permitan cuidar de sí, diseñar su proyecto particular de vida y, al
propio tiempo, responder a las condiciones de las sociedades del siglo XXI, dentro del
orden de la integración mundial. El adulto, hoy día, ya no sólo se educa para ser
ciudadano de un Estado Nacional, en lo particular, sino que ahora debe ser formado
para reconocerse y poder actuar desde la dimensión del >>ciudadano del mundo<<, con
todo el conjunto de competencias y responsabilidades sociales que ello comporta; hecho
para lo cual, el maestro tradicional no se encuentra preparado, puesto que sus
competencias profesionales son desarrolladas para la mediación entre los contenidos
formales de un diseño curricular y un conjunto de individuos que se forman dentro de
un espacio de profilaxis escolar, mientras que esta nueva concepción de la educación de
adultos comporta la necesaria mediación entre las disposiciones individuales, colectivas,
comunitarias y las interacciones globales, es decir, la práctica profesional del interventor
educativo. En sentido estricto, el adulto no precisa de la transmisión de contenidos
formales, sino el desarrollo de competencias emergentes que le posibiliten participar, de
forma significativa, en los procesos de resolución y/o transformación histórica de su
contexto específico de vida; propósito para el cual, la intervención docente resulta del
todo insuficiente.
Esto, por lo que corresponde a la educación formal, y formalizante, pero, ¿cuáles
son las necesidades y la situación prevaleciente en el ámbito de la educación informal,
cuya propia naturaleza excede los límites institucionales de las prácticas disciplinarias
escolarizadas y que generalmente es soslayado por las diversas formas de intervención
profesional, como no sea para impulsar acciones de salud pública y/o de compensación
social? Al margen de las instituciones educativas, los diferentes sectores sociales, sobre
todo los que se refieren a la población en la pubertad, adolescente, joven y adulta, sólo
reciben atención de los tradicionales profesionistas de la educación, cuando se
reconocen en franca situación vulnerable por parte de los aparatos de Estado y/o de las
OSC, en casos tales como el riesgo psico-social, la planificación familiar, la prevención
de enfermedades de transmisión sexual, la desnutrición, el fortalecimiento de la cultura
FG Marín

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