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Construcción y Desarrollo de la Propuesta de Intervención Educativa

emergente transición de sus anacrónicos procedimientos analógicos a la rauda dialéctica
digital que priva en el orden mundial de las sociedades integradas. El Proyecto Escolar,
en consecuencia, es la proyección de estrategias pertinentes de intervención educativa,
cuya finalidad nodal es el desarrollo de las competencias necesarias para que la misma
institución escolar y los agentes de su comunidad socio-educativa participen
significativamente en el devenir y/o transformación de las prácticas sociales
contemporáneas. Y esto vale tanto para los centros escolares, en lo particular, como para
los sistemas educativos, en lo general. Desafío para lo cual no están preparados los
profesionistas tradicionales que sólo saben operar desde la centralidad escolar y desde
la especificidad de los referentes disciplinarios; de ahí, entonces, la necesidad de una
nueva clase de profesionista: el interventor educativo.
Por su parte, el Proyecto de Prácticas Profesionales en las Instituciones de
Educación Media Superior y Superior, aunque se le dispone de un espacio curricular
propio, suele percibirse como un simple dispositivo compensatorio, complementario
y/o subsidiario de los procesos formales de formación profesional, según puede
reconocerse con toda claridad en la explicación que propone el Documento Normativo
de la LIE, esto es: las prácticas profesionales constituyen un ejercicio guiado y supervisado
donde se ponen en juego los conocimientos adquiridos durante el proceso formativo del
estudiante. Permiten concretizar teorías aplicándolas a situaciones problemáticas reales (UPN,
2002b: 2) y en el reconocimiento de los problemas que enfrentan los estudiantes
universitarios, de acuerdo con Juan María Parent Jacquenin, et. al., quienes señalan: los
estudiantes universitarios sufren al enfrentarse a un trabajo profesional por dos razones
principales. La primera es el encuentro con un mundo desconocido que tiene sus propios
valores, su propio lenguaje sus propios usos y costumbre. (sic) La segunda es el paso de la
formación universitaria que es básicamente teoría a la aplicación en el ambiente de trabajo
(2004: 2).2 Estas aserciones, además de evidenciar la tradicional ruptura existente entre
los procesos formativos institucionalizados y la praxis social del estrato históricocultural vigente, así como el predominio de los aprendizajes teorético-informativos por
sobre el desarrollo de las competencias de intervención laboral, ya no se diga de
actuación socio-cultural, a su vez, limita el sentido fundamental de las prácticas
profesionales, al menos en tres principales aspectos, a saber: en primer instancia, delega
en el estudiante la responsabilidad personal de apropiarse de los valores, códigos
discursivos y costumbres de ese “mundo desconocido” que es el campo de desempeño
profesional; en segunda instancia, en cuanto correlato del aspecto anterior, atribuye a los
ámbitos laborales la tarea de consumar, perfeccionar y/o depurar la educación formal
proporcionada en los espacios intra-escolares, pues, la competencia que se busca formar,
mediante la experiencia de las prácticas profesionales, se traduce en la solución de problemas de y
en la realidad con los resultados esperados, según aduce Erika Yadira Macías Mozqueda
(2012: 3), lo cual evidencia que la “realidad” no representa un factor determinante de los
procesos de enseñanza-aprendizaje y, por ende, la proverbial insuficiencia formativa de
las instituciones educativas, con relación a las exigencias y prácticas socio-culturales del
contexto donde se ubican; y en tercer instancia, establecen una relación unidireccional
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Las negritas no aparecen en el original.
FG Marín

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