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Construcción y Desarrollo de la Propuesta de Intervención Educativa
los proyectos de la denominada filosofía para niños y el desarrollo de las habilidades de
pensamiento, verbigracia.
Ahora bien, si partimos del esquema de la educación formal, con el análisis,
grosso modo, de las nuevas funciones socio-educativas que le atribuyen las profundas
transformaciones acontecidas en los sistemas sociales contemporáneos, integrados a
nivel de los procesos político-culturales y económico-comunicativos en el orden global,
es posible reconocer un amplio campo de intervención educativa, el cual ha venido
siendo soslayado, de manera sistemática, por los profesionistas tradicionales, tanto
porque no disponen de las competencias necesarias para identificarlos y, por ende, para
actuar conforme a las demandas, y a la velocidad, que tales cambios socio-históricos
comportan, como porque desde el ámbito particular de sus referentes teóricodisciplinarios no cuentan con los dispositivos conceptual-metodológicos para explicar la
especificidad de estos recientes fenómenos civilizatorios. En efecto, los acontecimientos
histórico-culturales de las sociedades del siglo XXI, donde se adscriben las prácticas
educativas, requieren de un marco de comprensión interdisciplinaria, cuando no
transdisciplinaria. Así, pues, mientras la escuela moderna tiene la función sustantiva de
transmitir el capital cultural acumulado a las generaciones jóvenes, con el objeto de
proyectar la sociedad nacional del futuro, por su parte, los centros educativos
contemporáneos deben propiciar el desarrollo de competencias autogestivas de
formación, cuidado de sí, participación socio-política, desempeño económico-laboral
y/o transformación comunitaria, en el marco actual de una sociedad globalizada en
permanente transformación.
Esta reorientación histórica de la escuela contemporánea, además de plantear la
necesidad emergente de un profesionista con competencias interdisciplinarias en el
campo de la educación, comporta la apertura de una serie de espacios de resolución
socio-educativa que trascienden los marcos tradicionales de la intervención docente,
psicológica, trabajo social y/o administración de las instituciones educativas, entre los
cuales se encuentra la construcción del Proyecto Escolar en la Educación Básica, o del
Proyecto de Prácticas Profesionales en la Educación Media Superior y Superior. En la
comprensión común de los profesionales de la Educación Básica –especialistas,
autoridades, Asesores Técnico Pedagógicos (ATP) y profesores, entre otros–, el Proyecto
Escolar es sólo un simple dispositivo de planeación y de gestión educativa, cuyo
propósito nodal es el mejoramiento de los aprendizajes propuestos en los planes y
programas de estudio, mediante el diseño e implementación de acciones estratégicas
que tiendan a fortalecer el quehacer escolar y el desempeño docente, así como el
involucramiento participativo de alumnos y padres de familia; perspectiva que no
cambia sustantivamente con la instauración institucional del Programa de las Escuelas
de Calidad y la correspondiente implantación del denominado Plan Estratégico de
Transformación Escolar (PETE), en México, el cual se enfoca al fortalecimiento de la
práctica pedagógica en función de las necesidades educativas de los alumnos, a la mejora de la
organización, administración y formas de vinculación de la escuela con la comunidad (SEP,
2006: 14).
En términos generales, la concepción que priva en esta forma tan común y
difundida de entender el Proyecto Escolar se determina por tres principios centrales,
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