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Construcción y Desarrollo de la Propuesta de Intervención Educativa
entre los ejercicios escolares y las prácticas laborales, utilizando a estas últimas como
una extensión emergente de los primeros, pero sin que esto implique un elemento de
transformación significativa de los contenidos curriculares, los medios, recursos y
ambientes tradicionales de la educación institucional. El máximo núcleo de
interiorización del mercado laboral que permiten los centros de la Educación Media
Superior y Superior, es la conformación de la denominada Bolsa de Trabajo.
Empero, ésta limitada concepción sobre el Proyecto de las prácticas Profesionales,
deriva del hecho de que quienes se desempeñan tradicionalmente como profesionistas
de la educación de estos niveles educativos –sean directivos, profesores, tutores, etc.–,
carecen de las competencias suficientes para comprender e intervenir en las prácticas
socio-económicas, o investigativo-científicas, del contexto real y, por lo tanto, no
disponen de las capacidades mínimas para incorporarlas a los dispositivos
procedimentales de la enseñanza-aprendizaje, o a las dinámicas propias de la cerrada
cultura escolar. Es triste presenciar cómo los profesores de la Educación Media Superior
y Superior les resulta poco menos que imposible reconocer problemas del contexto real,
vincularlos con los contenidos curriculares y traducirlos en circunstancias didácticopedagógicas para el desarrollo de competencias específicas, lo cual les orilla a repetir al
infinito, los mismos artificiosos ejercicios escolares, que no desarrollan ningún tipo de
competencia para intervenir en la resolución de los problemas de la realidad histórica.
Esto se debe, sin duda alguna, a que la gran mayoría de estos agentes educativos,
cuando resultan incapaces para insertarse, desempeñarse y/o destacar en el nicho
laboral que les es propio, optan por dedicarse a la formación de los nuevos
profesionistas, ¡y algunos consiguen hacerlo bastante bien! Por su parte, los saberes
prácticos que se generan de manera cotidiana en los distintos mercados laborales, no se
consideran en cuanto contenidos curriculares de formación hasta que no son
formalizados, validados y/o difundidos, primero, por los procesos de legitimación
teorético-disciplinaria y, segundo, por los procedimientos de dosificación didácticopedagógica. Así, cuando un conocimiento laboral se convierte en objeto de aprendizaje
escolar, los saberes profesionales del mercado de trabajo ya se han transformado de
manera significativa. En este sentido, de forma equivalente a lo expuesto antes con
relación al Proyecto Escolar en la Educación Básica, más que un recurso de
complementariedad y/o depuración formativa, las prácticas profesionales constituyen
un medio de inserción de los mismos centros de la Educación Media Superior y
Superior, además de los diferentes agentes de sus comunidades escolares, en las
disposiciones valorales, discursivas, instrumentales y culturales de ese “mundo
desconocido” que representa el contexto de desempeño profesional, pero, a su vez, de
modo recíproco, representan la oportunidad emergente de que estas mismas
disposiciones se integren al ambiente y a las prácticas escolares; para lo cual, resulta
indispensable la intervención de un nuevo tipo de profesionista, esto es: el interventor
educativo, cuyas competencias profesionales le posibiliten mediar la mutua inclusión
entre las prácticas propias de estos dos entornos de formación societal.
Ahora bien, más allá de las fronteras de la Educación Media Superior y Superior,
es del pensamiento común percibir a la instrucción de adultos desde dos perspectivas
principales de la formación societal institucionalizada, tales son: la alfabetización
FG Marín
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