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cuerpo sano. Nos debilitan para luego arrojarse sobre nuestros restos, ¡como aves carroñeras sobre
una presa muerta!
»¡Es imperativo mantener la fortaleza! Nos rodea el enemigo, se escucha ruido de sables.
Mientras los obreros europeos cultivan los campos, Paneslavia, los americanos, el Califato, los
Estados Unidos de África y la Commonwealth encuadran a sus hombres en enormes y potentes
ejércitos y los preparan para la guerra. ¡Pero los aplastaremos! ¡Como dedos de una misma mano,
cerraremos filas para formar el puño que ha de caer con fuerza y aniquilar completamente a esos
insectos! ¡Separados somos débiles, juntos somos fuertes! ¡Unidos vencemos, desunidos
perecemos!
—¡Unidos vencemos, desunidos perecemos! —repite la masa.
Decir Paneslavia y Rusia es lo mismo porque, aunque ahora aspiran a convertirse en estado
para todos los pueblos eslavos, los rusos no renuncian a la identidad de una nación centenaria.
En Rusia siempre ha habido un zar, incluso después de la caída de los Romanov, nada importa
si su nombre ha sido Lenin, Stalin o Putin. Y siempre ha habido una autocracia, llámese comunismo
o democracia. Los rusos son gregarios, como los nuevos europeos, y siguen a un líder omnipotente.
Así las cosas, no sorprende que el fascismo haya resurgido en tierras rusas, organizando un estado
imperialista en torno a la figura de un poderoso y carismático líder, el «Padre».
Las peligrosas tensiones entre la República de Paneslavia y Europa se deben a las
pretensiones de los primeros sobre los Balcanes. El odio y suspicacia mutua fortalece ambos
regímenes, uniendo a sus pueblos contra un enemigo común —excusa muy apropiada para
controlarlos absolutamente—. Están sumidos en una carrera armamentística que parece conducirnos
inexorablemente a una guerra.
La Commonwealth, aunque mantiene formalmente su nombre, ha reforzado su unión política
y económica en nuestra era de los grandes macroestados, movida más por intereses prácticos que
por afinidades comunes. Sin embargo, sus estados del continente centro-meridional se han integrado
en la Federación Africana. Como socialdemocracia de libertades más amplias que las europeas, el
Partido la ha designado adversaria, y no escapa al entendimiento de muchos que las pretensiones de
completa unificación europea de la organización tienen mucho que ver también. Sin embargo, y a
diferencia de Paneslavia, la Mancomunidad no podría enfrentarse militarmente a la todopoderosa
Europa unificada.
El siguiente enemigo exterior del pansocialismo es el más alejado ideológicamente y el mayor
blanco de sus ataques: la Nación Libre Americana, surgida tras una dramática crisis económica y de
la pacífica Segunda Revolución Americana como una anarquía de libre mercado en la que las
corporaciones privadas han asumido el control de todos los sectores económicos, incluyendo los
que antes copaba el estado. Incluso sus fuerzas policiales y militares, así como sus tribunales, son
privados, pero todos se pliegan bajo las limitadísimas y escuetas leyes de lo que se ha venido a
llamar de manera no demasiado correcta como Segunda Constitución, articulada en torno a los
derechos a la vida, la libertad y la propiedad privada.
El equilibrio americano surge en torno a la cultura de respeto «constitucional», el control de
unas corporaciones sobre otras cuando estos principios son transgredidos y el rechazo de los
clientes a sostener tribunales y agencias de seguridad que se sientan por encima de ellos.
Por otro lado, la mayor parte del continente centro-austral, siguiendo las tendencias
panafricanas, se ha constituido como los Estados Unidos de África, en guerra contra El Califato,
que controla una pequeña porción del norte. Los EUA, hastiados de la pobreza y el control de las
potencias extranjeras, los tiranos locales y la guerra, decidieron adoptar un sistema político de
gobierno muy limitado y han progresado económicamente de manera muy acelerada y espectacular.
El Califato es una teocracia bárbara que carece siquiera de la apariencia civilizadora de
Europa, donde al menos la vida sigue respetándose, aunque esta sea una vida vacía a la que se le ha
cercenado la libertad. Está aislado diplomáticamente del mundo y se halla en una situación formal
de guerra con África, aunque esta ha quedado estancada por la incapacidad militar del Califato ante
los ejércitos africanos y los mercenarios aliados de las corporaciones americanas, que han decidido
no avanzar mucho más allá de sus zonas originales de control.