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—¡Debemos defendernos, la guerra es inminente! El Ministerio de Planificación Económica
será subsumido por el Ministerio de Guerra y la industria seguirá reconvertiéndose para seguir
produciendo fusiles, corazas, overtanques, misiles, aerodeslizadores de combate, fortalezas
volantes, vehículos de combate de infantería, poderosos y enormes buques, submarinos
portaaviones, cazas, drones y bombarderos. Pero gracias a la encomiable y exitosa gestión de
nuestros próceres, y gracias a la planificación demográfica integrada en el proceso de planificación
económica, la producción de raciones alimenticias dirigida por el Ministerio de Alimentación no
correrá peligro: no faltarán píldoras, polvo nutritivo para elaborar batidos ni inyecciones de
suplementos.
»La gula y la alimentación carnívora son vicios inadmisibles y malvados. ¡El ser humano no
vale más que el medio y especies que le rodean, esa es una pretensión arrogante! Por eso, hermanos,
nos llena de orgullo anunciar la continuidad de la producción de alimentos sostenibles, y de
proteínas y vitaminas totalmente sintéticas para asegurar la correcta nutrición, salud y crecimiento
de nuestra gran familia.
»¡El Partido puede garantizar todo tipo de productos y servicios a los obreros! La producción
de alcohol no se reducirá. El Ministerio de Educación seguirá construyendo centros de enseñanza
mientras las prisiones siguen siendo desmanteladas. El Ministerio de Salud seguirá enfrentándose a
la enfermedad, la muerte, la infancia y la vejez con su apuesta decidida por la investigación en
materia genética. El Ministerio de Ciencia seguirá investigando, desarrollando e innovando en una
puja decidida por el futuro europeo. El Ministerio de Infraestructura seguirá proveyéndonos con
carreteras y vías de ferrocarril. El Ministerio de Cultura nos seguirá suministrando libros, música,
cinematografía y arte recto e instructivo. El Ministerio de Vivienda se ocupará, como viene
sucediendo, de que nadie queda sin hogar —continúa su discurso Alfa Sigma.
No habla de cómo el Ministerio de Salud deja morir a las razas inferiores para asegurar la
hegemonía del novsap. El Estado las utiliza, pero evita desviar recursos a su supervivencia.
Tampoco menciona el hecho de que el desarrollo tecnológico de otras naciones ha dejado obsoletas
infraestructuras arcaicas como las carreteras y vías de ferrocarril. La cultura que produce el Estado
hiede y me produce tedio, no es más que propaganda. Al menos algo es verídico: ya solo queda una
prisión en uso, el país entero, y a nadie le falta una vivienda-celda bajo cuyo techo cobijarse —en
realidad, es muy apropiado, pues así el Estado puede tener localizados y controlados a los
ciudadanos—.
No hay prisiones como las de antes porque el proceso de reeducación es espeluznantemente
efectivo para una persona en pleno uso de sus facultades mentales. En cuanto a los enfermos y
disminuidos psíquicos… No se habla de ello, baste decir que no resultan demasiado útiles al Estado
y, por tanto, no tienen derecho a existir, como los discapacitados físicos a los que no se les puede
asignar tareas.
—Hermanos, ¿no os dais cuenta de lo afortunados que sois de vivir tiempos tan gloriosos?
¡Ninguna nación, en ningún periodo histórico, ha podido proveer jamás tal bienestar a los
ciudadanos! Gritad conmigo: ¡Viva Europa! ¡Viva el pansocialismo!
—¡Viva Europa! ¡Viva el pansocialismo! —repiten los obreros alrededor de la abeja reina,
levantando las manos para realizar el saludo oficial. Yo no: no soy una abeja obrera, ni un zángano
como los que ocupan los altos puestos en los ministerios. Yo soy una abeja soldado.
Es el turno de los ministros para dirigirse al público. Casi todas son mujeres. De manera nada
sorprendente para mí, los altavoces empiezan a emitir sonido de nuevo, pero no hay nadie ante el
micrófono todavía. Es Beethoven, esta vez sí. Beethoven, gran amante de la libertad y aborrecedor
de los tiranos. Suena junto a von Schiller. Surge un gran desconcierto, todos miran a su alrededor
con nerviosismo. Contengo una carcajada de felicidad.
Las pantallas se apagan. Se vuelven a encender. La bandera de la Unión Europea aparece otra
vez, pero hay algo diferente en ella: las estrellas se han convertido en eslabones rotos de una cadena
dorada, la letra sigma es ahora una «a» mayúscula. No una letra alfa, sino la primera letra de una
palabra cuyo origen es, por lo demás, griego también: «anarquía». El fondo es ahora negro, no azul.